La política del humo ha vuelto. El Partido Popular de Mazón ha encontrado en la ultraderecha su mejor aliada no para construir, sino para desviar la atención de su inacción, su falta de rumbo y su caótica gestión. Lejos de ofrecer soluciones reales, se parapeta en discursos de odio y en alianzas con Vox que ya están marcando un retroceso grave en derechos, libertades y políticas públicas.

Una estrategia basada en el miedo: el discurso antimigración

Cuando los datos no acompañan, el miedo se convierte en arma. El PP, en un movimiento cada vez más alineado con los postulados más extremos de Vox, ha decidido instrumentalizar la inmigración para tapar sus vergüenzas. La realidad es que la migración no representa ningún problema estructural para España, pero señalar al diferente siempre ha sido el recurso fácil de quienes no tienen proyecto.

Este tipo de discursos no solo son falsos, sino peligrosos, y acaban calando en una parte de la sociedad desencantada que merece políticas responsables, no fuegos artificiales ideológicos.

Mazón vuelve a pactar con Vox: el precio de gobernar sin rumbo

La situación en la Comunidad Valenciana es paradigmática. Carlos Mazón gobierna gracias a un pacto con Vox que ha supuesto un blanqueamiento total de sus propuestas extremas. A cambio, el PP obtiene estabilidad en las instituciones, pero la factura es alta: censura cultural, negacionismo climático, recortes encubiertos y una parálisis generalizada en sectores clave como la vivienda, la sanidad y la educación.

El caso valenciano: gestión invisible y propaganda constante

Mientras el Consell de Mazón presume de «normalidad institucional», los presupuestos no resuelven los problemas reales de los valencianos y valencianas. La propaganda ha sustituido al trabajo político. Lo más preocupante: el silencio cómplice del PP ante cada declaración incendiaria de Vox, ante cada recorte ideológico, ante cada retroceso democrático.

Europa mira con preocupación: críticas al giro reaccionario

La deriva del PP no pasa desapercibida fuera de nuestras fronteras. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, ha criticado abiertamente los pactos con partidos que atacan pilares básicos del proyecto europeo, como el Pacto Verde, los derechos humanos y el respeto institucional.

¿Dónde queda el supuesto europeísmo del PP? ¿Qué ha sido de su supuesta responsabilidad de Estado? Hoy, el partido de Feijóo se parece más a Orbán que a Merkel.

¿Táctica o ideología? El PP cruza todas las líneas rojas

Cabe preguntarse: ¿es esta una estrategia temporal o el nuevo ADN del Partido Popular? Lo cierto es que ya no hay matices. El PP de Mazón ha interiorizado el discurso ultra, y lo replica incluso cuando Vox no está delante. En temas como inmigración, cambio climático o feminismo, el partido de la gaviota ha optado por la confrontación, la simplificación y el populismo barato.

Cuando la incompetencia se disfraza de firmeza

Lo que estamos viendo no es fortaleza política, sino una huida hacia adelante. El PP no gestiona, no propone, no construye. La prueba más reciente está en las ayudas de la DANA. Simplemente se esconde tras el ruido de sus pactos, el odio de sus socios y la propaganda sin alma. Mientras tanto, los problemas reales siguen esperando.

El Partido Popular ha decidido cambiar la gestión por la agitación, y la responsabilidad institucional por una peligrosa sumisión ideológica a Vox. Esta deriva no solo perjudica la imagen del país, sino que afecta directamente a los derechos, la convivencia y el bienestar de la ciudadanía. No se puede construir futuro desde el miedo, ni se puede gobernar tapando errores con ruido reaccionario. La sociedad merece políticos valientes, no oportunistas. Y merece también una oposición firme, que denuncie sin complejos cada retroceso. Porque normalizar lo inaceptable es el primer paso hacia perderlo todo.

El electorado debe abrir los ojos: quien pacta con la ultraderecha, termina siendo ultraderecha. Y eso tiene consecuencias que van mucho más allá de una legislatura.

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