Los mensajes de WhatsApp que la exconsellera de Justicia e Interior, Salomé Pradas, entregó a la jueza que investiga la gestión de la dana del 29 de octubre están reconfigurando el relato oficial de una de las jornadas más trágicas de la Comunitat Valenciana. Entre los intercambios, uno destaca por su potencia simbólica: cuando Pradas alerta a Carlos Mazón de que “preocupa” el barranco del Poyo, el entonces president responde con una sola palabra: “Cojonudo”.

El hallazgo no solo abre una nueva línea de análisis judicial. También cuestiona la coherencia del discurso político que Mazón ha sostenido desde la catástrofe, sobre todo en relación con lo que sabía, cuándo lo sabía y cómo reaccionó ante la información de emergencia que recibía en tiempo real.

Una contradicción que nace del tono

El mensaje de WhatsApp llega a las 13:03. Pradas le informa de las alertas hidrológicas recién decretadas, de la preocupación en la Ribera Alta, de los rescates en marcha y de la presión creciente sobre el barranco del Poyo y el río Magro. No hay ambigüedad en el aviso: es una comunicación técnica, urgente, enviada desde el mismo centro político encargado de coordinar la respuesta.

La respuesta de Mazón, “Cojonudo”, opera en un registro completamente distinto. No encaja con el lenguaje de la emergencia ni con la gravedad del momento. Y, sobre todo, no encaja con la versión que posteriormente defendió: la de un president activamente comprometido y plenamente informado. El tono ligero del mensaje choca con la exigencia emocional e institucional que se espera de un dirigente ante un episodio que ya estaba dejando un rastro de rescates, inundaciones y avisos críticos.

Esa disonancia convierte una palabra aparentemente informal en una contradicción discursiva de gran alcance.

La contradicción sobre el barranco del Poyo

La gestión del barranco del Poyo se ha convertido en uno de los puntos más sensibles de la investigación. Mazón sostuvo en sede pública que no recibió información relevante sobre esta zona hasta horas después. Sin embargo, estos nuevos mensajes revelan lo contrario: a primera hora de la tarde, Pradas ya le advertía con claridad de que era una de las áreas que “más preocupaban” a los equipos de emergencia.

Esa revelación desmonta la línea defensiva que pretendía situar el desconocimiento como causa de la tardanza en activar medidas. La información existía y estaba en su móvil. La contradicción emerge así no solo como un problema político, sino como un elemento con posible recorrido jurídico.

La buena noticia en mitad del caos

Pocos minutos después del “Cojonudo”, Pradas cambia de tema para trasladarle también por WhatsApp lo que califica como “la BUENA NOTICIA DEL DÍA”: el preacuerdo con los bomberos forestales parecía inminente. Mazón responde con entusiasmo: “Bieeeeeennnnn”.

El detalle es relevante porque muestra un estado emocional ajeno al deterioro acelerado de la situación sobre el terreno. Mientras los equipos de rescate sorteaban inundaciones, evacuaban residencias de ancianos y activaban helicópteros, la conversación mantenía un hilo de euforia política que desentona con la magnitud de la catástrofe.

Ese desajuste contribuye a reforzar la percepción de una gestión desincronizada, en la que las prioridades institucionales no coincidieron con las necesidades reales de una emergencia en marcha.

El WhatsApp ignorado sobre Utiel

A las 14:11, Pradas envía otro mensaje de WhatsApp: “La cosa se complica en Utiel.”
No obtuvo respuesta. La investigación sitúa pocos minutos después a Mazón entrando al restaurante El Ventorro, donde permaneció desde primera hora de la tarde hasta casi las 19:00 junto a la periodista Maribel Vilaplana.

El silencio ante el aviso coincide con el tramo horario que más dudas ha suscitado sobre su actuación. Mientras la situación empeoraba en múltiples municipios, no hay constancia documental de que el expresident emitiera instrucciones, solicitara informes adicionales o respondiera a actualizaciones críticas. La ausencia de reacción no solo contradice su relato posterior de coordinación activa; también abre preguntas sobre cómo interpretó y gestionó la información que sí estaba recibiendo.

Una tarde sin respuestas y una llegada tardía al Cecopi

Tras el mensaje sobre Utiel, el siguiente dato relevante es la llegada de Mazón al Cecopi: 20:28 horas. Si se contrasta este dato con el flujo de información que ya había recibido por WhatsApp entre las 11:30 y las 14:10, emerge una franja temporal amplia —más de seis horas— en la que el máximo responsable político de la Comunitat Valenciana no aparece vinculado a decisiones operativas.

Ese vacío temporal alimenta una contradicción estructural: la del dirigente que afirma haber estado totalmente implicado mientras los registros narran un papel prácticamente pasivo durante las horas más críticas. La conversación con Pradas, lejos de aclarar lo sucedido, profundiza el desconcierto.

Un mensaje de WhatsApp que pesa más que una declaración pública

El “Cojonudo” no es solo una palabra suelta. Es un marco. Un estado mental. Un síntoma de cómo se vivió desde la presidencia una emergencia sin precedentes. En un contexto donde cada minuto podía significar una vida salvada o perdida, el tono liviano y la falta de reacción convierten ese mensaje en un punto de inflexión narrativa.

A medida que la investigación avanza, el WhatsApp adquiere un valor revelador. No porque sea el elemento más grave de la causa, sino porque condensa en unos pocos caracteres la distancia entre la imagen pública de control y la realidad privada de desatención, entre el liderazgo simbolizado y la gestión documentada.

En un momento en el que las familias de las víctimas continúan reclamando claridad, desde Socialistas de Alfafar subrayamos, una vez más, la urgencia de una verdad completa y de una rendición de cuentas que todavía no ha llegado.

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