Ha pasado un año de la dana y muchos responsables políticos, entre ellos el president Carlos Mazón, siguen sin pagar por sus crímenes. Mientras tanto, el Partido Popular acumula decenas de causas abiertas por corrupción, tráfico de influencias y negligencia institucional. En total, 30 casos pendientes de juicio que vuelven a poner en duda su credibilidad y su supuesto compromiso con la regeneración.

Una herencia marcada por la corrupción

El Partido Popular fue el primer partido político condenado por corrupción en la historia democrática de España. La sentencia del caso Gürtel, en 2018, destapó una red de sobornos, adjudicaciones irregulares y financiación ilegal. Aquella decisión judicial provocó la moción de censura que desalojó a Mariano Rajoy del Gobierno y situó a Pedro Sánchez en la Moncloa.

Siete años después, la sombra de Gürtel sigue proyectándose sobre el PP. Los tribunales mantienen abiertas una treintena de causas que afectan a exministros, expresidentes autonómicos y cargos actuales.

Gürtel, Púnica y Kitchen: el núcleo de la corrupción

El caso Gürtel fue el epicentro de una red de corrupción institucional que operó durante una década. El empresario Francisco Correa, junto con políticos del PP, amañó contratos públicos a cambio de sobornos y favores. Tres condenas después, aún queda una pieza pendiente de juicio.

La trama Púnica, descubierta en 2014, mostró cómo se utilizaban las instituciones para financiar ilegalmente campañas electorales. Implicó a figuras como Francisco Granados o Esperanza Aguirre y supuso más de 250 millones de euros en adjudicaciones irregulares.

El caso Kitchen completa el triángulo de la corrupción. Durante el Gobierno de Rajoy, el Ministerio del Interior creó una brigada parapolicial para espiar al extesorero del PP, Luis Bárcenas, y recuperar pruebas comprometedoras. El juicio se celebrará en 2026, con el exministro Jorge Fernández Díaz entre los acusados.

Ayuso y los protocolos de la vergüenza

En la Comunidad de Madrid, las tramas de corrupción y negligencia se han transformado en una gestión que muchos califican de insensible. Los llamados protocolos de la vergüenza impidieron que miles de personas mayores fueran trasladadas a hospitales durante la pandemia.

Según las investigaciones judiciales, 7.291 personas murieron en residencias sin recibir atención médica. Tres altos cargos del gobierno de Isabel Díaz Ayuso están imputados por omisión del deber de socorro. La tragedia no fue un accidente: fue la consecuencia directa de una política que priorizó los intereses políticos sobre la vida.

A esto se suma el caso que afecta a su pareja, Alberto González Amador, procesado por defraudar 350.000 euros a Hacienda. Todo mientras el PP madrileño intenta presentarse como ejemplo de “buena gestión”.

Corrupción en Murcia, Valencia y Andalucía

En la Región de Murcia, el caso de la desaladora de Escombreras es uno de los símbolos del despilfarro del PP. La obra supuso un sobrecoste de 74 millones de euros y mantiene procesado al expresidente Ramón Luis Valcárcel, también exvicepresidente del Parlamento Europeo.

A este caso se suman Novo Carthago y Guarderías, que investigan irregularidades urbanísticas y adjudicaciones amañadas durante gobiernos populares.

En Andalucía, la sombra de la mala gestión sanitaria sigue creciendo. La crisis de los cribados de cáncer ha puesto en evidencia la desatención del Gobierno de Juanma Moreno. Decenas de miles de andaluces no fueron citados a tiempo para pruebas de detección de cáncer de colon o mama. Médicos, asociaciones y pacientes denuncian que esta negligencia ha costado vidas.

Esta crisis se suma a las irregularidades detectadas en contratos sanitarios durante la pandemia, con adjudicaciones directas y falta de transparencia en la compra de material médico.

En València, otra investigación judicial avanza sobre la gestión del PP en la DANA y las 229 personas fallecidas mientras el entonces presidente Carlos Mazón estaba de comida, desconectado y sin atender las emergencias.

El PP nacional: un legado que no desaparece

Mientras todo esto ocurre, Alberto Núñez Feijóo intenta proyectar la imagen de un PP renovado. Sin embargo, los hechos contradicen el discurso. Su partido acumula más de 30 causas judiciales pendientes y varios procesos en curso en distintas comunidades.

El PSOE recuerda que el PP fue condenado por corrupción cuando gobernaba España, y que hoy sigue sin depurar responsabilidades. Feijóo, en lugar de afrontar este pasado, opta por atacar al Gobierno socialista con el llamado caso Cerdán. Pero la realidad es que los escándalos que afectan al PP son estructurales, no coyunturales.

Justicia, transparencia y memoria

La corrupción y la negligencia no son solo un problema judicial. Son una amenaza para la democracia. La falta de rendición de cuentas alimenta la desconfianza y erosiona la fe de la ciudadanía en las instituciones.

El PSOE, por su parte, defiende su compromiso con la transparencia, la ética pública y la protección de los servicios esenciales. Frente a los recortes y el abandono del PP, el Gobierno de Pedro Sánchez ha reforzado la inversión en sanidad pública y ha impulsado medidas de control sobre los fondos públicos.

La diferencia es clara: mientras unos tapan y justifican, otros rinden cuentas y reforman.

Un año después, la impunidad persiste

Un año después, los crímenes siguen sin castigo. La justicia avanza lentamente, y los responsables políticos continúan en sus cargos o en los consejos de administración de grandes empresas.

El PP habla de regeneración, pero no ha pedido perdón.
Habla de eficiencia, pero acumula muertes evitables, sobrecostes y casos de corrupción en todas las administraciones que gobierna.

La memoria no se borra.
La justicia no prescribe.
Y España no puede avanzar mientras la impunidad siga siendo la norma en la derecha.

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