Las instituciones valencianas deben responder con transparencia y empatía ante cualquier tragedia. Sin embargo, hemos observado un patrón alarmante en la gestión del Partido Popular valenciano: primero, su actuación tras el accidente del metro de València en 2006, con 43 personas fallecidas, y después tras la DANA que nos arrasó en octubre de 2024, con efectos devastadores y 228 víctimas mortales.
Este artículo nace de la necesidad de comparar ambas situaciones para evidenciar cómo el PP ha privilegiado en ambos caso s el control del relato y el silencio institucional en lugar de asumir responsabilidades y ofrecer reparación a las víctimas. Desde nuestro espacio local, esta reflexión es imprescindible para exigir verdad, justicia y memoria.
El accidente del Metro de València en 2006 y el silencio institucional
Tal día como hoy, en 2006, un tren de Metrovalència descarriló en la curva de la estación de Jesús, provocando la muerte de 43 personas y dejando 47 heridos. Las investigaciones señalaron el exceso de velocidad como causa principal, pero evidenciaron también carencias graves en el sistema de seguridad: el sistema ATP no estaba instalado y solo se contaba con balizas visuales (FAP), insuficientes para evitar el accidente.
El Consell del PP, entonces presidido por Francisco Camps, afrontó la tragedia con una estrategia clara: minimizar responsabilidades, silenciar a los afectados y controlar el relato público. Canal Nou, la televisión pública valenciana, prácticamente ignoró el suceso a pesar de su magnitud, e incluso los trabajadores denunciaron censura por parte del gobierno autonómico. Al margen de los medios, se contrató a consultoras que instruyeron a los técnicos para subsanar cualquier negligencia de Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana (FGV), desviando la atención hacia el fallecido maquinista.
En el ámbito jurídico y parlamentario, el PP bloqueó comparecencias y vetó la presencia de las víctimas en la comisión de investigación de Les Corts, lo que evitó que pudieran contar su versión de los hechos. Camps se negó a reunirse con la asociación de víctimas, y estas tuvieron que recurrir al Parlamento Europeo para denunciar la manipulación informativa. No fue hasta el año 2020 que algunos exdirectivos de FGV fueron condenados, tras una larga y digna lucha ciudadana.
La DANA de octubre: una tragedia reciente, la misma respuesta institucional que en el accidente del metro
A finales de octubre de 2024, la Comunitat Valenciana sufrió una Depresión Aislada en Niveles Altos (DANA) que provocó inundaciones sin precedentes, dejando 228 fallecidos. Hoy, más de ocho meses después del desastre, la investigación judicial sigue abierta, incluso con la jueza solicitando datos detallados sobre la movilización de bomberos y los protocolos de emergencia aplicados.
No obstante, en el plano político, el gabinete de Carlos Mazón (PP) fue criticado por retrasar la activación de alertas y desvincularse de las víctimas, asegurando que AEMET fue la responsable de la falta de previsión. Cuando finalmente se constituyó la comisión de investigación en Les Corts, ocho meses después del suceso, PP y Vox decidieron comenzar con comparecencias técnicas, relegando a las víctimas a fases posteriores. Este paso provocó un rechazo frontal por parte del PSPV y Compromís, que denunciaron que se venía repitiendo la estrategia de silenciar a quienes vivieron el dolor en primera persona.
Las asociaciones de víctimas insistieron en que su presencia no era decorativa, sino central para entender las consecuencias devastadoras de una gestión deficiente. Mariló Gradolí, portavoz de la Associació de Víctimes de la DANA, afirmó que acudirían a la causa judicial representando a 21 familias, y exigió su participación desde el inicio en la comisión.
La movilización ciudadana no ha cesado: el 29 de junio se celebró la octava marcha en València para pedir la dimisión de Mazón, bajo lemas contundentes como “Mazón dimisión”. Incluso desde fuera, el Parlamento Europeo se involucró pidiendo explicaciones, lo que forzó finalmente al PP y a Vox a incorporar a las víctimas en el plan de trabajo del parlamento valenciano.
Paralelismos que evidencian un patrón repetido

En ambos sucesos, el PP reaccionó con la misma estrategia política: primero minimización, luego control informativo y por último relegar a las víctimas. En los dos casos, las asociaciones tuvieron que ejercer presión ciudadana y recurrir a instancias europeas para ser escuchadas.
El accidente del metro dejó un balance trágico de 43 muertos; la DANA, casi cinco veces más, con 228 fallecidos. En ambos momentos, los relatos oficiales priorizaron una versión técnica o institucional de los hechos, ya fuera culpando al maquinista fallecido o acusando a AEMET de negligencia. El resultado, en ambos escenarios, fue un agravio moral para las familias que vieron ignorada su voz.
El día que la comisión de investigación sobre la DANA arrancó, primero se sentaron técnicos e ingenieros, y solo meses después fueron admitidas las víctimas, tras insistencia y presión política. El precedente del metro es claro: en aquella comisión se ocultaron deliberadamente las versiones ciudadanas y se impuso un relato controlado por el PP.
Lo que realmente debería haber pasado tanto en el accidente del metro de València como en la dana
Este artículo no solo denuncia errores pasados ni recientes. Pretende lanzar un mensaje claro: callar no es gobernar. No basta con activar protocolos técnicos o emitir comunicados; el liderazgo público requiere empatía, implicación directa y asumir responsabilidades.
Desde la perspectiva local de Alfafar, proponemos reforzar la exigencia de transparencia, garantizando que las víctimas siempre formen parte activa de cualquier investigación. Además, es imprescindible revisar los protocolos de emergencia y alertas en entornos con riesgo hídrico, consolidar la mejora de medios de comunicación institucionales para evitar censuras y mantener viva la memoria de todo lo ocurrido.
El silencio institucional tras el metro no puede repetirse con la DANA. Las familias de ambas tragedias merecen no solo justicia, sino también que se reconozca el valor de su sufrimiento y valentía. Y no permitiremos que la historia vuelva a repetirse.

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