Una vez más, las y los Socialistas de Alfafar alzamos la voz con determinación para denunciar una situación que consideramos inaceptable. El PP se pone de espaldas a las víctimas, al no permitir que abran la comisión de investigación de la dana. Un bloqueo permanente que no permite esclarecer lo sucedido. Mientras que nosotros nos negamos a mirar hacia otro lado, ellos silencian a las víctimas, eluden responsabilidades y anteponen el cálculo político al interés general.
Cuando ocurre una tragedia de esta magnitud, no basta con una gestión inmediata que también brilla por su ausencia. Es necesario un compromiso firme con la verdad, la transparencia y la justicia. Y es precisamente eso lo que se está impidiendo.
Escuchar a las víctimas es una obligación democrática
No hay política digna si no se escucha a quienes más han sufrido. Las personas afectadas por la dana merecen algo más que palabras vacías: merecen que se las escuche, que se las acompañe, que se las respete. Cada testimonio ignorado, cada puerta institucional cerrada, cada excusa para no darles voz, es una herida más sobre una realidad ya profundamente dolorosa.
Quienes lo perdieron todo necesitan saber qué ocurrió. Y la sociedad entera también lo necesita, porque solo desde la verdad podremos construir garantías reales para que esto no vuelva a pasar. Negarles ese espacio es negarnos, como comunidad, el derecho a aprender de los errores.
La apertura formal de la comisión no puede servir de excusa para cerrar el debate. Al contrario: su arranque sin participación de las víctimas demuestra que se ha querido convertir un instrumento de justicia en una operación de maquillaje político.
Una comisión sin verdad no es reparación. Una comisión sin víctimas no es justicia. Y una política que evita las preguntas fundamentales no es política: es miedo.
Una comisión sin víctimas es una oportunidad desperdiciada
Desde el momento en que se impidió que las personas afectadas por la dana fuesen las primeras en comparecer, quedó claro que esta comisión no nace con vocación de justicia. El orden importa. El cómo se hacen las cosas también. Y cuando se empieza dejando fuera a quienes deberían estar en el centro, el mensaje es rotundo: no se quiere remover lo incómodo, solo cubrir el expediente.

No basta con abrir una sala y hacer preguntas técnicas. Esas personas que aún arrastran secuelas emocionales, económicas y personales deben ser tratadas con respeto institucional. Escucharlas no es una concesión: es un deber democrático. Quienes gobiernan no pueden decidir que su voz molesta o que su presencia no es oportuna. Lo primero que se debería haber hecho es escuchar su verdad
Llegar tarde también es una forma de silencio
El retraso en poner en marcha esta comisión es una falta de respeto que se suma al dolor ya acumulado. Las víctimas han esperado demasiado. La sociedad ha esperado demasiado. No hay excusa que justifique esa demora.
El tiempo juega en contra de la memoria, y quienes esperan respuestas no deberían ser también víctimas del olvido político. Una comisión que arranca tantos meses después de los hechos es una comisión que ya nace lastrada. Por eso, lo mínimo que se espera es que, a partir de ahora, esté a la altura. Y de momento no lo está.
El objetivo debe ser claro: asumir responsabilidades
Una comisión de investigación no sirve para repartir culpas al azar, ni para alimentar discursos partidistas. Sirve para identificar fallos, reconocer errores y garantizar que se corrijan. Y, si corresponde, para asumir responsabilidades políticas, institucionales o administrativas.
Por eso es tan grave que se haya iniciado el proceso sin ambición, sin profundidad y sin valentía. Si el objetivo real es evitar que algo así vuelva a suceder, hay que empezar reconociendo que lo que se hizo —o no se hizo— debe ser revisado. No se puede construir un futuro más seguro ignorando lo que pasó.
Las víctimas merecen algo más que gestos simbólicos
Hay algo que no se puede permitir: convertir el dolor ajeno en un trámite. Las víctimas no pueden ser utilizadas como decorado en una escenografía institucional. Necesitan participación real. Necesitan saber que sus voces tienen peso, que su testimonio transforma, que su verdad empuja cambios.
Los gestos sin fondo no bastan. Una comisión que no se alimenta del testimonio directo de quienes han vivido la tragedia no tiene legitimidad. Si no se les escucha, si no se les mira a los ojos, si no se les da la palabra, lo que se está diciendo, en el fondo, es que su experiencia no importa.
Y nosotros no aceptamos eso. Nos rebelamos ante ese olvido. Nos comprometemos a seguir recordando que el sentido de esta comisión es, sobre todo, honrar la dignidad de quienes sufrieron en silencio.
La transparencia no puede ser parcial
Uno de los pilares básicos de cualquier proceso de investigación es la transparencia total. No puede haber filtros, ni zonas opacas, ni conclusiones pactadas. La ciudadanía merece conocer todos los hechos, todas las decisiones, todas las consecuencias.
Por eso es preocupante que ya desde el inicio se perciba un intento de controlar el relato, de limitar la participación, de suavizar los debates. No queremos una comisión inocua. Queremos una comisión que sirva. Que tenga consecuencias. Que transforme.
Y eso solo se consigue si hay voluntad política real. Si se prioriza el interés general por encima del interés partidista. Si se antepone la verdad al cálculo.
En Alfafar también queremos saber la verdad
Nuestro municipio, como tantos otros, vivió con preocupación los efectos de la dana. La respuesta vecinal fue ejemplar. Pero eso no significa que debamos aceptar la falta de claridad institucional.
Los Socialistas de Alfafar defendemos una forma honesta y valiente de hacer política, exigimos que se actúe con responsabilidad, que se asuma lo que haya que asumir y que no se cierre en falso un proceso que solo acaba de empezar. Porque este tema no es solo de quienes sufrieron en primera persona. Nos interpela a todos. Como sociedad, como instituciones, como representantes públicos.
Hay momentos en los que la ambigüedad no es posible. Este es uno de ellos. O se está del lado de las víctimas o se está del lado del silencio. O se está del lado de la verdad o se está del lado de la protección política. O se está del lado de quienes exigen justicia o se está del lado de quienes quieren pasar página cuanto antes. Nosotros lo tenemos claro: estamos del lado de quienes aún esperan respuestas. Del lado de quienes no se rinden. Del lado de una política que mira de frente, que se compromete, que no esconde.
No vamos a permitir que se entierre la verdad
Lo decimos sin rodeos: no nos conformamos. La comisión está abierta, sí, pero no como debería. No con la participación que exigimos. No con la profundidad que merecemos. Seguiremos insistiendo. Seguiremos preguntando. Seguiremos dando voz a quienes no la tienen. Porque sabemos que sin justicia no hay reparación. Y sin verdad, no hay futuro.
Desde Alfafar, con firmeza y sin miedo, exigimos una comisión que esté al servicio de la ciudadanía, no de los intereses de unos pocos.

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