Imagen que ilustra el conflicto entre el PP de Alfafar y el Kolectivo Parke.

En política local, el tiempo suele poner a cada uno en su sitio. Las declaraciones, los vídeos institucionales y los titulares pueden sostener un relato durante meses, incluso años. Pero cuando ese relato entra en contradicción con la realidad cotidiana, termina cayéndose por su propio peso. Y eso es precisamente lo que está ocurriendo en torno al conflicto entre el Ayuntamiento de Alfafar y el tejido social del Parque Alcosa, especialmente el Kolectivo Parke.

Durante décadas, el proyecto comunitario vinculado al Kolectivo ha sido un referente en el barrio. Más de cuarenta años de trabajo continuado, atravesando distintas etapas políticas, crisis económicas y situaciones de emergencia, han consolidado un modelo de intervención social que no nace de un despacho, sino de la realidad del propio barrio. Esa trayectoria no es discutible. Está acreditada en el tiempo y en los resultados. Lo que sí está en discusión es la actuación reciente del Ayuntamiento.

De la colaboración al conflicto abierto: la guerra abierta unilateralmente por el PP contra el Kolectivo

El punto de inflexión no se produce de forma aislada, sino como resultado de una cadena de decisiones que han ido deteriorando la relación entre la administración local y el proyecto comunitario. Promesas que no se materializan, compromisos que quedan en el aire y, sobre todo, una falta de interlocución real que ha acabado derivando en un conflicto abierto.

Uno de los elementos más sensibles es la situación del supermercado solidario, un recurso que sigue atendiendo a cientos de familias y que ha sido clave en momentos críticos como la dana o la pandemia. La amenaza de desalojo sobre este espacio no se interpreta como una decisión administrativa neutra, sino como un movimiento que pone en riesgo una red de apoyo construida durante años.

A ello se suma el bloqueo en la apertura de un comedor popular y la paralización de dinámicas comunitarias que venían funcionando con normalidad. No se trata de iniciativas improvisadas, sino de proyectos con recorrido, arraigo y reconocimiento en el barrio.

Cuando se tensionan este tipo de espacios, no se está discutiendo solo sobre gestión. Se está afectando directamente a la vida de las personas.

Participación anunciada, participación bloqueada

Otro de los puntos de fricción es la contradicción entre el discurso institucional y las decisiones adoptadas. El propio Ayuntamiento aprobó la creación de una mesa participativa para la reconstrucción, planteada como un espacio abierto a entidades sociales y grupos políticos.

Sin embargo, en la práctica, esa participación no se ha materializado como se prometía. Colectivos con trayectoria en el territorio denuncian haber sido excluidos o directamente ignorados en los procesos de toma de decisiones.

La paradoja es evidente: se habla de participación mientras se limitan los espacios donde esa participación puede ejercerse de forma real. Y ahí es donde el relato empieza a perder credibilidad.

El peso de las promesas incumplidas

El conflicto actual no puede entenderse sin mirar atrás. Existen compromisos firmados, acuerdos anunciados y promesas públicas que formaban parte de la relación entre el Ayuntamiento y el tejido social del Parque Alcosa.

Entre ellos, la continuidad de convenios con proyectos comunitarios que generaban empleo y sostenían parte de la estructura social del barrio. La falta de renovación de estos acuerdos no es un detalle menor: implica incertidumbre, pérdida de estabilidad y riesgo para iniciativas que llevan décadas funcionando.

Cuando la política se aleja de los compromisos adquiridos, la desconfianza no es una reacción exagerada. Es una consecuencia lógica.

Más allá del conflicto: una forma de gobernar

Reducir esta situación a un enfrentamiento puntual con el Kolectivo sería un error. Lo que está en juego es una forma de entender la política municipal. Por un lado, un modelo basado en la comunicación institucional, en la construcción de relato y en la gestión de la imagen pública. Por otro, una realidad marcada por decisiones que no siempre responden a esa narrativa.

El caso del Kolectivo no es solo un episodio aislado. Es el síntoma de una desconexión más profunda entre el gobierno municipal y una parte significativa del tejido social. Porque cuando proyectos que han trabajado con “ayuntamientos de todos los colores” señalan un problema, la cuestión deja de ser ideológica para convertirse en estructural.

Adsuara habla sobre el Kolectivo en el último pleno municipal.

Cuando el relato ya no basta

El Ayuntamiento puede seguir defendiendo su posición frente al Kolectivo, emitir comunicados y sostener su versión de los hechos. Forma parte del juego político. Pero hay un límite que ningún relato puede superar: la experiencia directa de quienes viven el día a día del barrio. Esa experiencia, cada vez con más claridad, apunta en una dirección distinta.

Las mentiras pueden sostenerse durante un tiempo. Pero cuando los hechos las contradicen de forma constante, terminan cayendo por su propio peso.

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