Ilustración que expone el reflejo de la crítica a la Feria del Comercio y del Libro.

El fin de semana del 18 y 19 de abril, el municipio acogerá un evento que, ya desde su propio nombre, genera desconcierto: la Feria del Comercio y del Libro. A simple vista, el fomento de la lectura y la promoción del comercio de proximidad son dos pilares fundamentales para cualquier ciudad. Sin embargo, ¿qué sentido real tiene fusionarlos en un único recinto y formato?

La respuesta, lejos de apuntar a una estrategia innovadora, revela una realidad mucho más incómoda. Esta unión no es una sinergia natural, sino un «matrimonio de conveniencia» diseñado por el Ayuntamiento para enmascarar la decadencia de ambos eventos.

Dos ferias unidas por la falta de mimo e interés del gobierno del PP

Históricamente, la organización de eventos en el municipio ha adolecido de un problema grave: la falta de cuidado y cariño. Año tras año, las ediciones individuales de la feria literaria y comercial han resultado ser un fracaso rotundo.

Los datos y la percepción ciudadana hablan por sí solos. Hablamos de espacios desangelados, una nula capacidad para atraer a profesionales del sector, libreros desmotivados y comerciantes que no ven ningún retorno en su participación. Cuando un evento se organiza de forma rutinaria, sin un programa atractivo, sin inversión real y con absoluta falta de gusto, el resultado lógico es la ausencia total de público. Nadie quiere visitar una feria vacía.

El truco visual: sumar dos vacíos para aparentar volumen

Imagen con el eslógan Adsuara imPProvisa para mostrar la falta de planificación de la Feria del Comercio y del Libro de Alfafar.

Ante este escenario de fracaso crónico, la solución de la administración, de un tiempo a esta parte, no ha sido replantear el modelo, escuchar a los profesionales o inyectar calidad a la programación. La «gran idea» ha sido meterlo todo en el mismo saco.

Fusionar todo en la Feria del Comercio y del Libro es una huida hacia adelante. El objetivo de los organizadores es puramente estético: forzar a que los pocos visitantes que atrae el sector del libro se crucen con los pocos que atrae el pequeño comercio. De esta forma, intentan generar una ilusión óptica de afluencia y éxito. Buscan que la suma de dos eventos deficitarios parezca, al menos en las fotos oficiales, una feria medianamente transitada.

Sin embargo, el público no es ingenuo. Mezclar stands de temáticas inconexas no soluciona el problema de fondo: la falta de atractivo.

El menosprecio al profesional: un escaparate de cartón piedra

Más allá del impacto visual de una feria desierta, existe un daño colateral del que poco se habla: el agotamiento del tejido profesional. Un librero o un pequeño comerciante no solo traslada material; traslada su tiempo, su ilusión y una logística que, en estas condiciones, resulta a todas luces deficitaria. Obligar a los profesionales a participar en un evento «fantasma», diseñado sin un plan de comunicación serio y en fechas de nula afluencia, es una falta de respeto a su modelo de negocio. No se les ofrece una oportunidad de venta, se les condena a ser figurantes en un decorado municipal.

Además, la falta de una temática coherente diluye la identidad de ambos sectores. ¿Qué mensaje enviamos al visitante? En lugar de una cita cultural de prestigio o un mercado de comercio local dinámico, ofrecemos un mercadillo inconexo que desprestigia la marca de la ciudad. El Ayuntamiento parece ignorar que la reputación de un municipio se construye con la calidad de sus eventos, no con el número de carpas instaladas. Al final, esta desidia no es solo una anécdota de calendario, sino una barrera que impedirá que, en el futuro, expositores de nivel quieran volver a pisar nuestras plazas. La «Feria del Libro y el Comercio» no es una solución; es el síntoma de una gestión que ha tirado la toalla.

El error de cálculo que sentencia el evento de la Feria del Comercio y del Libro

Por si la premisa de la Feria del Comercio y del Libro no fuera lo suficientemente débil, la gestión municipal ha añadido la guinda al pastel con una planificación del calendario desastrosa.

El Ayuntamiento ha fijado este evento híbrido el mismo fin de semana que se celebra la Apuntà Fallera. Teniendo en cuenta que el censo fallero representa aproximadamente al 10% de la población, la administración ha bloqueado voluntariamente la asistencia de miles de vecinos que estarán ocupados en sus respectivos casales.

En conclusión, la Feria del Comercio y del Libro (significativo que el comercio vaya por delante en un cambio de denominación a última hora, en redes sociales) nace sentenciada. Es el resultado de organizar actos por puro trámite, sin consultar a los sectores implicados y sin entender que la cultura y el comercio local merecen espacios propios, dignos y, sobre todo, organizados con profesionalidad. Sumar dos fracasos nunca dará como resultado un éxito.

El resultado de esta política de imPProvisación y PParches es un círculo vicioso peligroso. Al ofrecer ferias mal organizadas, la administración desincentiva la participación futura. Los libreros de prestigio dejarán de venir, los comercios locales dejarán de montar stand y el ciudadano, cansado de propuestas mediocres y sin alma, terminará por desconectar de la agenda municipal.

Unir dos fracasos en la Feria del Comercio y del Libro nunca dará como resultado un éxito; lo único que consigue es duplicar la desidia. Si el Ayuntamiento quiere realmente dinamizar la economía local y la cultura, debe dejar de jugar al escapismo visual y empezar a trabajar con el rigor, el presupuesto y el respeto que estos sectores merecen. De lo contrario, seguiremos asistiendo a ferias fantasma que solo sirven para que los responsables políticos se miren en un espejo que, por mucho que se empeñen, ya no refleja más que vacío.

¿Realmente creen que los ciudadanos no notan la diferencia entre un evento con propósito y un remiendo de última hora?

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