Imagen que ilustra los deseos para Alfafar de los Socialistas de Alfafar en 2026

El 29 de octubre se cumple casi un año desde que la dana golpeó Alfafar. Aquel episodio dejó barrios inundados, viviendas destrozadas y familias que lo perdieron todo en cuestión de horas. Hoy, once meses después, la reconstrucción es todavía una tarea pendiente.

La imagen que venden las instituciones gobernadas por el PP dista mucho de la realidad. Mientras se inauguran proyectos vistosos y se presume de eficacia, en los barrios más castigados se vive una situación de abandono y desigualdad que no se puede ocultar.

Una reconstrucción de escaparate

La reconstrucción en Alfafar se ha convertido en una estrategia de marketing político. Las actuaciones se concentran en las zonas visibles, donde se pueden cortar cintas y hacer fotos. Sin embargo, las necesidades reales, las que afectan al día a día de cientos de familias, siguen esperando turno.

Este modelo genera una fractura entre vecinos. Algunos barrios avanzan en apariencia, mientras otros se hunden en la rutina del abandono. Lo urgente se ha convertido en crónico.

El barrio Orba, once meses después

El barrio Orba es el ejemplo más claro de lo que significa una reconstrucción mal planificada. Los ascensores de muchos bloques siguen sin funcionar, dejando atrapadas en sus casas a personas mayores o con problemas de movilidad.

El alcantarillado y algunos colectores permanecen atascados desde hace casi un año, un riesgo sanitario evidente si se repiten lluvias torrenciales. Los patios y zonas comunes están en un estado lamentable: suciedad, deterioro y un sentimiento de olvido que cala hondo entre los vecinos.

Lo que debía tratarse como una urgencia se ha transformado en rutina. La falta de voluntad política ha dejado al barrio Orba atrapado en un círculo de precariedad.

La suciedad como síntoma de abandono

La suciedad en Alfafar es hoy otro de los símbolos de una gestión fallida. Calles secundarias con basura acumulada, contenedores saturados y plazas olvidadas forman parte del paisaje cotidiano.

Vecinos y vecinas denuncian que la limpieza se concentra en las zonas más céntricas o en aquellas que interesan al PP por motivos electorales. El resto, invisibles. Esta política selectiva transmite un mensaje duro: para el gobierno local hay barrios de primera y barrios de segunda.

La limpieza no es un lujo. Es una cuestión de dignidad y también de salud pública. Y sin embargo, solo se actúa cuando la situación provoca un escándalo o cuando hay un evento que obliga a maquillar la zona.

Una reconstrucción desigual

El gran problema es que la reconstrucción tras la DANA se ha convertido en un proceso desigual. Los barrios más visibles reciben recursos, mientras los más humildes siguen esperando.

No es fruto del azar. Responde a un modelo de gestión que prioriza el escaparate sobre la justicia social. El PP invierte donde cree que puede rentar electoralmente y margina a quienes más apoyo necesitan.

El resultado es un municipio dividido: con vecinos que disfrutan de mejoras rápidas y otros que siguen atrapados en la espera interminable.

Riesgos de seguir mirando hacia otro lado

El abandono de infraestructuras básicas no es solo injusto, también es peligroso. La reconstrucción en Alfafar debería servir para reforzar colectores, alcantarillado y edificios, pero once meses después la vulnerabilidad sigue intacta.

El cambio climático multiplica las probabilidades de nuevos episodios de lluvias extremas. Si no se actúa ya, el municipio volverá a estar en riesgo. No se trata solo de reparar calles o ascensores, sino de garantizar seguridad para toda la población.

La ciudadanía como motor de dignidad

Frente al abandono institucional, la respuesta ciudadana ha sido ejemplar. Asociaciones vecinales, AMPAs y colectivos mantienen viva la denuncia, organizan protestas y no dejan que el olvido se normalice.

Su resistencia es admirable, pero no puede sustituir lo que corresponde a las instituciones. La reconstrucción no debe depender de la presión de los vecinos, sino del compromiso político real de garantizar igualdad y dignidad en todos los barrios.

Reconstrucción real, no propaganda

Once meses después, la reconstrucción en Alfafar sigue pendiente. La DANA dejó heridas profundas, y el PP ha optado por curar solo lo que se ve, dejando de lado lo que más duele.

El pueblo no necesita escaparates ni fotos inaugurales. Necesita calles limpias, alcantarillado en condiciones, ascensores que funcionen y barrios que no sean tratados como ciudadanos de segunda.

La reconstrucción tiene que ser sinónimo de justicia, igualdad y dignidad. Y hasta que eso ocurra, Alfafar seguirá recordando que la DANA no solo fue una catástrofe natural, también fue el inicio de un abandono político que no se puede tolerar.

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