El PP apuesta por la degradación de los barrios de Alfafar.

La situación de muchos barrios de Alfafar se ha convertido en el ejemplo más claro de abandono, degradación y olvido por parte del Partido Popular en el gobierno municipal y autonómico. Mientras el PP se afana en vender una imagen de gestión eficaz de la reconstrucción con proyectos vistosos y actuaciones en las zonas más visibles, la realidad en algunos barrios muestra una cara bien distinta: calles sucias, basura acumulada, servicios esenciales deteriorados y promesas que nunca llegan a cumplirse.

Un abandono que se percibe en el día a día

El deterioro del espacio público en Alfafar es evidente. Vecinos y vecinas denuncian que la limpieza se concentra en las calles principales o en aquellas zonas con mayor proyección electoral de los populares, dejando de lado plazas, patios interiores y calles secundarias donde la suciedad se acumula. La basura rebosando y las aceras sin mantenimiento forman parte de la rutina diaria en muchos puntos del municipio, incluido el Casco Antiguo. De hecho, esta legislatura se ha vivido un verdadero escándalo incluso con la ubicación de los nuevos contenedores.

Esta política selectiva de limpieza y cuidado, basada en criterios puramente estéticos e intereses electorales, no solo agrava la percepción de desigualdad entre barrios, sino que también refuerza la idea de que para el PP hay ciudadanos de primera y de segunda.

El barrio Orba: símbolo del olvido institucional

Si hay un ejemplo que resume la dejadez del PP con Alfafar, ese es el barrio Orba. Allí, once meses después de la dana que devastó calles, viviendas y servicios básicos, las soluciones siguen sin llegar y la situación resulta especialmente grave.

Los ascensores continúan inservibles en numerosos bloques de viviendas, lo que impide la movilidad de personas mayores o con problemas de salud que dependen de ellos en su día a día. A ello se suma que los alcantarillados y colectores permanecen atascados desde hace casi un año, una circunstancia que no solo refleja abandono, sino que también supone un riesgo sanitario evidente si se repite un episodio de lluvias torrenciales como el vivido con la dana. Mientras tanto, los patios y las zonas comunes se encuentran en un estado lamentable, donde la suciedad y el deterioro se han convertido en parte de la normalidad cotidiana para muchas familias.

Este abandono es especialmente grave porque hablamos de cuestiones que deberían haber sido tratadas como urgencia. Sin embargo, la falta de voluntad política ha transformado la emergencia en rutina, dejando a cientos de familias atrapadas en un círculo de precariedad.

Una reconstrucción lenta, desigual y generadora de agravios

La reconstrucción tras la dana se ha convertido en una carrera de obstáculos. Mientras en algunas zonas del municipio se han inaugurado proyectos de cara a la galería, en barrios como Orba o Alfalares las familias siguen esperando intervenciones básicas.

Esa desigualdad en la respuesta no es casualidad. Es el reflejo de un modelo de gestión que prioriza el escaparate sobre las necesidades reales de la ciudadanía. Las inversiones llegan con cuentagotas y, cuando lo hacen, no responden a la magnitud del problema. En lugar de poner el foco en garantizar la seguridad y la dignidad de quienes más sufrieron las consecuencias de la catástrofe climática, el PP opta por posponer lo urgente y centrarse en lo rentable electoralmente.

La basura como metáfora de una gestión fallida

La problemática de la limpieza y la basura no es solo una cuestión estética, sino también de salud pública. Calles con contenedores saturados, escombros sin retirar y aceras llenas de residuos conforman una postal que retrata a la perfección la degradación progresiva de los barrios.

Lo más preocupante es la repetición del patrón: se actúa únicamente cuando la suciedad se convierte en escándalo visible o cuando hay un evento cercano que requiere maquillar la zona. El resto del tiempo, los vecinos viven entre basuras, generando una sensación de abandono institucional que erosiona la confianza en las instituciones.

El PP de Alfafar realiza una lamentable gestión del servicio de recogida de residuos, especialmente en los barrios de Alfafar y su abandono.

Una apuesta política por la desigualdad

El abandono, la degradación y el olvido no son casualidad. Responden a una estrategia política del PP: invertir recursos donde creen que les genera rédito electoral y marginar a las zonas más vulnerables, que suelen exigir más pero dan menos votos.

Este modelo no solo perpetúa las desigualdades entre barrios, sino que castiga de forma consciente a quienes más apoyo necesitan. El mensaje implícito es claro: si vives en un barrio obrero como Orba, tu dignidad y tus derechos valen menos.

Los riesgos de mirar hacia otro lado

Ignorar la situación de barrios como Orba no es solo injusto, también es peligroso. El cambio climático aumenta la probabilidad de fenómenos extremos como la dana. Si las infraestructuras básicas siguen sin atenderse —alcantarillado, colectores, mantenimiento de edificios—, el riesgo para la población se multiplica.

El abandono institucional deja al municipio en una situación de vulnerabilidad permanente. No se trata solo de limpiar calles o reparar ascensores, sino de garantizar que una nueva catástrofe no vuelva a poner en jaque la vida de cientos de familias.

Una ciudadanía que no se rinde

Pese a todo, la respuesta de los vecinos y las vecinas es admirable. Organizados en asociaciones, AMPAs y colectivos ciudadanos, denuncian la situación, exigen soluciones y no permiten que el olvido se normalice. Son ellos quienes mantienen viva la esperanza de que Alfafar pueda recuperar la dignidad que merece.

Sin embargo, la presión ciudadana no puede sustituir la responsabilidad institucional. El PP debe dejar de priorizar la foto y asumir que gobernar implica garantizar igualdad, seguridad y justicia en todos los barrios, no solo en los escaparates que les resultan útiles.

El abandono, la degradación y el olvido no son simples palabras. Son la realidad diaria de cientos de familias en Alfafar, que ven cómo el PP convierte sus barrios en zonas invisibles. La basura acumulada, las infraestructuras deterioradas y la desigualdad en la reconstrucción tras la DANA son las pruebas de una gestión basada en el cálculo electoral y no en la dignidad de las personas.

La verdadera apuesta del PP en la reconstrucción no es la modernización ni el cuidado de sus barrios. Es un modelo de gestión que castiga, margina y olvida a quienes más lo necesitan. Y esa es una herida que no se tapa con una limpieza de última hora ni con un acto inaugural frente a las cámaras.

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