En Alfafar se gobierna siguiendo un patrón que ya nadie puede negar. El PP de Alfafar no actúa, reacciona. No anticipa, no planifica y no previene. Espera. Espera a que el problema se haga evidente, a que la oposición lo denuncie públicamente y a que la ciudadanía empiece a preguntar. Solo entonces se pone en marcha la maquinaria municipal, siempre con prisas y casi siempre mal.

Este modelo de acción–reacción no es una anécdota ni un error puntual. Es la forma habitual de gobernar del PP de Alfafar. Una forma de gestión que convierte la política municipal en una carrera constante para llegar tarde y aparentar que se hace algo antes de que el ruido crezca demasiado.

La Avenida Mediterráneo es el último ejemplo, pero no el único. Es, simplemente, el más gráfico.

Detalle de un muro mal reparado en la Avenida Mediterráneo de Alfafar tras una denuncia pública, con piezas mal encajadas y remates deficientes que evidencian la gestión improvisada del PP de Alfafar.

Acción: la denuncia pública que activa al PP de Alfafar

La primera fase de este mantra es siempre la misma: la acción no parte del gobierno, parte de la denuncia. Mientras los problemas permanecen invisibles o silenciados, el PP de Alfafar no actúa. El deterioro del espacio público, la falta de mantenimiento y las deficiencias evidentes se cronifican sin que nadie desde el Ayuntamiento mueva un dedo.

Es solo cuando desde el Partido Socialista de Alfafar denunciamos públicamente una situación —ya sea a través de la prensa o de nuestros canales de redes sociales— cuando algo empieza a moverse. La denuncia se convierte en el detonante de la gestión municipal. Sin denuncia, no hay actuación. Con denuncia, hay carrera.

En enero señalamos de forma clara y documentada las deficiencias existentes en varios puntos de la Avenida Mediterráneo. No se trataba de una opinión política, sino de hechos visibles: muros deteriorados, piezas sueltas, zonas mal rematadas y un estado general impropio de un espacio urbano cuidado.

Hasta ese momento, silencio. Ninguna actuación previa, ningún plan anunciado, ninguna previsión conocida.

Reacción: correr mal para poder decir que se ha hecho algo

La segunda fase del mantra llega siempre después: la reacción apresurada del PP de Alfafar. Una reacción que no nace de un análisis técnico ni de una planificación responsable, sino de la urgencia política por apagar una crítica.

En la Avenida Mediterráneo no se ejecutó una intervención pensada para durar. Se ejecutó un parche rápido. Y cuando se actúa deprisa y sin criterio, el resultado es el que muestran las imágenes: piezas mal colocadas, remates deficientes, soluciones provisionales que parecen improvisadas sobre la marcha.

No se corrigieron las deficiencias de fondo. Se maquillaron. No se mejoró el espacio público. Se intentó salvar la cara. Esta es la esencia de la política de acción–reacción del PP de Alfafar: no solucionar, sino aparentar.

Lo más grave es que este tipo de actuaciones no solo no resuelven el problema original, sino que generan uno nuevo. La chapuza se convierte en un nuevo motivo de indignación, y la ciudadanía asiste a una escena que roza la burla institucional.

Cuando la reacción del PP de Alfafar se convierte en chapuza

Las imágenes de la Avenida Mediterráneo no necesitan interpretación política. Hablan solas. Y lo que dicen es claro: el resultado de la reacción apresurada del PP de Alfafar es una intervención de baja calidad, sin cuidado por los detalles y sin respeto por el espacio público.

Esto no es mala suerte ni un fallo técnico aislado. Es la consecuencia directa de gobernar desde la reacción. Cuando no hay planificación, cuando no hay supervisión rigurosa y cuando lo único que importa es poder decir “ya está arreglado”, el resultado nunca puede ser bueno.

El problema no es solo estético. Es institucional. Se transmite la idea de que cualquier cosa vale, de que no pasa nada por hacerlo mal si sirve para silenciar una denuncia. Y ese mensaje es profundamente dañino para la confianza de la ciudadanía en sus instituciones.

El PP de Alfafar no puede seguir tratando el espacio público como un escenario secundario donde colocar parches de última hora. El municipio no es un decorado político.

Arreglo improvisado en un banco y murete de la Avenida Mediterráneo de Alfafar, con materiales deteriorados y soluciones precarias que reflejan la política de acción–reacción del PP de Alfafar.

Acción–reacción y balones fuera: la excusa como norma

La tercera fase del mantra aparece cuando la chapuza es tan evidente que resulta imposible de defender: los balones fuera. En ese momento, el PP de Alfafar activa el discurso de la excusa permanente. La culpa nunca es propia. Siempre es de otros.

Tragsa, el ministerio, otra administración. Da igual a quién señalar, lo importante es no asumir responsabilidades. Sin embargo, externalizar la ejecución no elimina la responsabilidad política. El Ayuntamiento decide, encarga, supervisa y valida. Y si el resultado es deficiente, alguien dio el visto bueno.

La ciudadanía no quiere escuchar eternamente explicaciones técnicas ni conflictos competenciales. Quiere soluciones bien hechas. Y cuando esas soluciones no llegan, lo mínimo exigible es asumir errores en lugar de esconderse detrás de siglas.

Este recurso constante a la excusa confirma algo preocupante: el PP de Alfafar gobierna sin control real sobre lo que se hace en su propio municipio.

Gobernar a golpe de denuncia: un modelo agotado

El problema de fondo no es una obra mal hecha. Es un modelo de gestión basado exclusivamente en la acción–reacción. Un modelo que condena a Alfafar a ir siempre un paso por detrás, a gastar más recursos de los necesarios y a erosionar la confianza de la ciudadanía.

Un Ayuntamiento que solo actúa cuando es señalado públicamente no está gobernando, está sobreviviendo. Y esa supervivencia se paga con chapuzas, excusas y una sensación creciente de abandono institucional.

Arreglo improvisado en un banco y murete de la Avenida Mediterráneo de Alfafar, con materiales deteriorados y soluciones precarias que reflejan la política de acción–reacción del PP de Alfafar.

Desde el Partido Socialista de Alfafar seguiremos denunciando cada una de estas situaciones. No por desgaste político, sino por responsabilidad. Porque si la única manera de que el PP de Alfafar actúe es señalando públicamente sus carencias, no hacerlo sería asumir como normal una forma de gobernar que no lo es.

La Avenida Mediterráneo no es un caso aislado. Es el símbolo perfecto de una política de acción–reacción que Alfafar no merece.

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