Hay gestos que, vistos de manera aislada, podrían parecer menores. Un encuadre. Una imagen publicada sin determinadas personas. Una invitación que no llega. Una fotografía oficial del Ayuntamiento de Alfafar en la que, casualmente, nunca aparece quien sí estuvo allí. El problema empieza cuando deja de ser casualidad. Cuando se repite. Cuando se convierte en pauta. Eso es, precisamente, lo que, una vez más, estamos viendo en Alfafar.
No hablamos de una red social privada, ni del perfil de una formación política, ni del escaparate propagandístico del PP de Alfafar. Hablamos de los canales institucionales del Ayuntamiento, que se presentan públicamente como oficiales tanto en la web municipal como en sus perfiles sociales. La propia web del Ayuntamiento enlaza sus canales oficiales, y en redes aparecen identificados como cuentas institucionales del consistorio. Eso significa algo muy sencillo, pero muy importante: no son herramientas de partido. Son herramientas pagadas con recursos públicos y, por tanto, deberían responder a una lógica institucional, no partidista.
Sin embargo, lo que venimos comprobando desde hace tiempo apunta justo en la dirección contraria. Una vez más, el equipo de comunicación del Ayuntamiento de Alfafar, entendemos que por orden del señor alcalde, Juan Ramón Adsuara, excluye a las y los Socialistas de Alfafar de las fotografías publicadas tras actos institucionales y públicos. No hablamos de un olvido puntual ni de una anécdota sin importancia. Hablamos de una práctica que contribuye a construir un relato visual falseado de la vida pública municipal, uno en el que el gobierno aparece como único protagonista incluso en espacios que son de todos. Eso es grave. Muy grave.
Porque la comunicación institucional no consiste solo en informar de actividades, anunciar actos o colgar imágenes amables de la agenda municipal. También implica una responsabilidad democrática básica: reflejar con honestidad la realidad institucional del municipio. Cuando en un acto público hay presencia de miembros de la oposición y esa presencia se borra deliberadamente en las imágenes oficiales, lo que se está haciendo no es comunicar mejor. Lo que se está haciendo es manipular el encuadre para apropiarse simbólicamente de una institución que no pertenece al partido que gobierna, sino al conjunto del pueblo de Alfafar.

No es una cuestión estética, sino democrática
A veces se intenta restar importancia a estas prácticas con el argumento de que son solo fotos. Como si todo esto fuera una discusión secundaria, casi frívola, sobre protocolo, visibilidad o susceptibilidades. No lo es. En política, y más aún en la comunicación pública, las imágenes no son neutras. Las fotografías seleccionan, jerarquizan y legitiman. Dicen quién estaba, quién importa y quién cuenta. También dicen, por omisión, quién se quiere ocultar.

Por eso excluir de manera reiterada a la oposición de las imágenes oficiales no es una tontería. Es una manera de alterar la representación pública de la institución. Es una forma de decirle a la ciudadanía que solo existe el gobierno, que solo una parte del consistorio merece visibilidad y que la otra debe quedar fuera del encuadre incluso cuando está presente, participa o cumple con su responsabilidad institucional.
No estamos reclamando protagonismo. No estamos pidiendo favores. Ni siquiera estamos hablando de cortesía política, aunque también. Estamos señalando algo bastante más serio: el uso partidista de medios institucionales sufragados por todas y todos. Porque si las cuentas oficiales del Ayuntamiento son del Ayuntamiento, no pueden funcionar como si fueran la prolongación estética de la estrategia del PP de Alfafar. Si se pagan con dinero público, no pueden utilizarse para reforzar la imagen del gobierno a costa de invisibilizar deliberadamente a la oposición.
La lógica es la misma de siempre: atacar, marginar y controlar el relato
Lo ocurrido encaja, además, en una forma de actuar que ya no sorprende a nadie. Hace muy poco vimos cómo varios concejales del equipo de gobierno salían en redes sociales al ataque contra nuestro trabajo de oposición. No para responder con serenidad a una crítica concreta, no para debatir con normalidad democrática, sino para desacreditar nuestra labor de fiscalización. Ahora, a ese intento de deslegitimar políticamente a la oposición se suma otra práctica igual de preocupante: su borrado visual en la comunicación oficial.
El patrón es demasiado claro como para mirar hacia otro lado. Primero se intenta presentar la crítica como una molestia. Después se caricaturiza a quien fiscaliza. Cuando eso no basta, se le margina de los espacios simbólicos donde también se construye poder: los actos públicos, las imágenes oficiales, la narrativa institucional.
Lo preocupante de fondo no es solo el gesto en sí, sino lo que revela. Revela una manera de entender el Ayuntamiento como patrimonio del gobierno de turno. Revela una idea empobrecida de la democracia local, en la que la oposición no es vista como un actor legítimo del sistema institucional, sino como un elemento incómodo al que se tolera lo justo y al que, si es posible, se aparta del plano.
Las instituciones no son del PP de Alfafar
Esto conviene repetirlo tantas veces como haga falta: el Ayuntamiento no es el PP. Las cuentas institucionales no son las cuentas del PP. La comunicación municipal no está al servicio de la imagen del alcalde ni del interés electoral del equipo de gobierno. Está al servicio de la ciudadanía.
Cuando una administración utiliza sus canales oficiales para proyectar una visión partidista de la vida pública, está cruzando una línea que no debería cruzarse nunca. Porque una cosa es que el gobierno comunique su acción, algo lógico y legítimo, y otra muy distinta es que utilice la maquinaria institucional para construir un relato excluyente en el que quienes no forman parte de su sigla desaparecen de la escena.
Eso es exactamente lo que denunciamos. Por eso, no vale minimizarlo. No estamos ante una manía ni ante un malentendido entre adversarios políticos. Estamos ante una práctica que erosiona la neutralidad institucional y que empobrece la calidad democrática del municipio. La institución debe representar a todo el Ayuntamiento, no solo a quienes mandan hoy. Debe asumir la pluralidad que existe en el pleno y en la calle. Debe comunicar desde la institución, no desde la trinchera.
Borrar también es una forma de hacer política
Hay muchas maneras de apartar a la oposición. Algunas son ruidosas: el ataque directo, la descalificación, el insulto más o menos disfrazado. Otras son más sutiles, pero no menos eficaces. No invitar. Avisar tarde. Omitir. Recortar. Escoger siempre la foto en la que solo aparecen unos. Publicar como si el acto hubiera sido exclusivamente suyo. Borrar a quien incomoda. Borrar a quien fiscaliza. Borrar a quien recuerda que el Ayuntamiento no puede confundirse con un partido. Eso también es hacer política. Desde luego, no es una buena manera de hacerla.
En Alfafar no necesitamos una comunicación oficial al servicio del autobombo. Necesitamos una comunicación institucional seria, limpia y respetuosa con la realidad democrática del municipio. Una comunicación que entienda que representar a la institución implica no apropiársela. Que comprenda que la discrepancia no ensucia la vida pública, sino que la hace más sana. Una comunicación que asuma, de una vez por todas, que los recursos públicos no pueden utilizarse para reducir visualmente al silencio a quienes ejercemos una labor legítima de oposición.
Porque no, no estamos hablando solo de fotos. Estamos hablando de respeto institucional, de neutralidad democrática y de una pregunta de fondo que cada vez resulta más difícil esquivar: ¿por qué le molesta tanto al PP de Alfafar que la oposición exista también en la imagen pública del municipio?
Cuando una institución empieza a parecerse demasiado al partido que gobierna, el problema ya no es de comunicación. El problema es democrático.

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