Imagen general de dos bidones tóxicos negros abandonados entre la maleza en la marjal de Alfafar, con etiquetas de producto químico visibles, en una zona próxima a campos de cultivo y dentro de un entorno de alto valor medioambiental.

· El hallazgo de bidones tóxicos, que contienen residuos químicos, en el antiguo campo de tiro de Alfafar destapa una preocupante parálisis en el incomPPetente equipo de gobierno de Juan Ramón Adsuara.

· Mientras el PP intenta amordazar a la oposición apelando a un inexistente «sigilo profesional», los socialistas denunciamos una realidad incontestable: más de tres meses de inacción en una zona de máxima sensibilidad ambiental.

La Marjal de Alfafar no es solo un activo ecológico; es el corazón de nuestra identidad y una pieza fundamental del Parque Natural de l’Albufera. Sin embargo, lo que debería ser un espacio de máxima protección se ha convertido, bajo la gestión del Partido Popular, en el escenario de una negligencia que ya no pueden esconder: la presencia de bidones tóxicos, abandonados en suelo municipal y rodeados de una opacidad institucional alarmante.

150 días de silencio y degradación

La cronología de los hechos es demoledora. Desde Grupo Municipal Socialista, tras una labor de fiscalización liderada por nuestro portavoz, Rubén Martínez, y nuestro compañero Richard Verdejo, se localizaron en el antiguo campo de tiro dos bidones tóxicos oxidados de 200 litros. La etiqueta, todavía legible a pesar de la corrosión, identifica su contenido: Duroct Calcium, una resina secante de uso industrial.

Lo más grave no es el hallazgo en sí, sino la confesión del concejal de Urbanismo, Arcadio del Real, quien admitió en el pleno que el Ayuntamiento tenía constancia de estos bidones tóxicos desde el mes de febrero.

La pregunta es inevitable: ¿Cómo se justifica que un gobierno local permita que bidones tóxicos permanezcan tres meses -como mínimo, que sepamos- en una zona sin vallar y junto a canales de riego? La respuesta del PP se pierde en excusas burocráticas sobre la dificultad de encontrar empresas de retirada, una explicación que choca frontalmente con la urgencia que requiere la seguridad ambiental de nuestro pueblo.

La mentira frente a la Verdad

Es importante que todos los vecinos y las vecinas de Alfafar comprendan la magnitud de lo que el gobierno de Juan Ramón Adsuara intenta ocultar. Para ello, es necesario contrastar su relato con los hechos:

  • La mentira del PP: «No sabemos cuál es la procedencia de los bidones».
  • La verdad: Saben que están allí desde febrero y han permitido que el óxido avance durante 150 días sin vallar la zona ni proteger el suelo.
  • La excusa oficial: «No son peligrosos si no se manipulan».
  • La realidad material: Son residuos tóxicos sin protección alguna en una zona de máxima sensibilidad ambiental, a merced de las inclemencias del tiempo y de cualquier filtración al subsuelo.
Detalle lateral de uno de los bidones abandonados en la marjal de Alfafar, con una etiqueta de peligro que muestra una calavera y tibias cruzadas, sobre un recipiente oxidado situado junto a una zona de vegetación y cultivo.

El «sigilo profesional» como mordaza política

El punto álgido de la crisis se vivió en el salón de plenos, cuando el PP intentó dar la vuelta a la situación acusando a nuestro Grupo Municipal de «revelación de secretos» y de «atentar contra los intereses del pueblo». Según el equipo de Adsuara, la presencia de estos bidones tóxicos en Alfafar debería haberse tratado con discreción para evitar «alarmar» a la población.

Desde el PSPV de Alfafar somos claros: ocultar la presencia de bidones tóxicos con residuos químicos en un parque natural no es sigilo, es irresponsabilidad. Nuestra obligación como concejales es la transparencia. El verdadero ataque a los intereses de Alfafar es la dejadez de funciones que permite que un vertido tóxico se convierta en parte del paisaje durante medio año. Informar a la ciudadanía es un ejercicio de salud democrática; intentar callar a la oposición es propio de quien teme la verdad.

Un modelo de gestión basado en la propaganda

Este episodio no es un hecho aislado. La Marjal sufre hoy las consecuencias de un modelo de gestión que prioriza la estética sobre la ética. Mientras el gobierno del PP invierte ingentes recursos del bolsillo de la ciudadanía en promocionarse a sí mismos y a su partido en medios de comunicación, los caminos rurales se convierten en abocaderos improvisados llenos de escombros y maleza. No es algo nuevo, ya en 2015 denunciamos que el PP estaba pagando propaganda electoral con recursos públicos ante la Fiscalía Anticorrupción.

La Marjal de Alfafar merece un plan de choque inmediato, una limpieza integral y, sobre todo, un gobierno que no necesite que la oposición levante la voz para empezar a trabajar. No podemos permitir que nuestro patrimonio natural sea el precio a pagar por la incompetencia de un equipo de gobierno que reacciona tarde y siempre a remolque de las denuncias socialistas.

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