Fotomontaje con serios desperfectos en el barrio Orba que ilustran el abandono de los barrios de Alfafar

Han pasado ya más de trece meses desde aquella dana que destrozó viviendas, comercios y espacios públicos en Alfafar. Trece meses desde que cientos de familias vieron cómo la lluvia se llevaba por delante aquello que tanto esfuerzo costó construir. Trece meses en los que la palabra “reconstrucción” ha sonado más en redes sociales y fotografías oficiales que en las calles de los barrios de Alfafar, que es donde realmente debería notarse.

Si algo ha quedado claro después de más de un año, es que en nuestro municipio la recuperación avanza a dos velocidades: una rápida y fotogénica para las zonas que interesan al gobierno local y otra lenta, casi inmóvil, para los barrios donde vive la mayoría de nuestra gente trabajadora.

No se trata de una percepción aislada ni de una queja exagerada. Basta caminar por el barrio Orba para comprobarlo. Sin duda, el mayor exponente de la desigualdad en nuestro municipio, también en la reconstrucción. Pero no es un algo aislado. Lo mismo o parecido ocurre en Alfalares, San Jorge y otros barrios de Alfafar.

El deterioro no es abstracto ni simbólico: es físico, visible, cotidiano. Son parques cerrados durante meses, aceras que siguen rotas, calles llenas de agujeros, zonas verdes abandonadas, contenedores que rebosan basura, humedades y olores insalubres que se han normalizado como si fueran parte inevitable del paisaje urbano. Todo eso mientras el Muy Ilustre, Juan Ramón Adsuara, habla de “reconstrucción” como quien presume de un éxito que solo existe en sus discursos.

Los recursos sí han llegado… pero no se aprovechan

Y no, el problema no es falta de recursos. Muy al contrario: el Gobierno de España ha aportado la inmensa mayoría del dinero destinado a la recuperación de la zona cero. No una parte, no “una ayuda”, sino la mayor parte de la inversión total. Un esfuerzo público que demuestra compromiso institucional y que debería traducirse en mejoras palpables para los vecinos y vecinas de Alfafar. El verdadero problema es que ese dinero no se está gestionando con eficacia, o peor aún, se está invirtiendo con prioridades que poco tienen que ver con el bienestar de los barrios afectados.

Da igual quién encabece el Consell: la inutilidad estructural en la gestión de las emergencias y en la distribución de recursos es la misma, sea Juanfran Pérez Llorca, Carlos Mazón o el susum corda quien ocupe el despacho de turno. Los barrios de Alfafar siguen pagando las consecuencias. Siguen esperando. Siguen viviendo en las mismas condiciones que el día después del desastre.

Porque la reconstrucción no se mide en titulares, ni en visitas institucionales cuidadosamente programadas, ni en la velocidad con la que se inaugura un espacio que no eran tan prioritarios. Se mide en la capacidad de aliviar el día a día de quienes más sufrieron la dana y sus efectos posteriores. Y ahí, lamentablemente, las administraciones responsables están suspendiendo con estrépito.

Barrio Orba: el mayor exponente de un abandono que se repite

El barrio Orba es quizá el ejemplo más evidente de lo que supone esta reconstrucción a dos velocidades. Uno de los barrios más afectados de toda la zona cero, donde las familias aún conviven con desperfectos que deberían haberse resuelto hace meses. No estamos hablando de actuaciones de alta complejidad, sino de arreglos básicos: accesibilidad, alumbrado, pavimento, limpieza… elementos esenciales para la vida diaria en cualquier ciudad. Pero mientras tanto, en las fotografías oficiales, el relato es otro: “Alfafar se recupera”, “la normalidad vuelve poco a poco”, “estamos haciendo un esfuerzo inmenso”.

La realidad, sin embargo, es que el barrio Orba sigue esperando. Y lo que ocurre allí no es un hecho aislado. Alfalares también espera. San Jorge también espera. Otros barrios de Alfafar también esperan. Y lo peor es que, para muchas familias, esta espera se ha convertido en rutina.

Los barrios de Alfafar soportan el peso del caos y la suciedad

Hay quien piensa que estas denuncias son exageradas. Pero exageración es precisamente lo que ocurre cuando un gobierno local se hace fotos y videos anunciando proyectos que no tienen impacto en las zonas más vulnerables. Cuando se invierte sin un plan integral. Cuando se priorizan actuaciones estéticas antes que necesidades vitales.

Mientras tanto, los barrios de Alfafar viven inmersos en:

  • Calles donde la noche es sinónimo de inseguridad por falta de iluminación adecuada.
  • Aceras deterioradas que dificultan la movilidad de mayores, personas con discapacidad o familias con carritos.
  • Espacios públicos convertidos en zonas degradadas, donde el verde que debería dar vida se ha convertido en símbolo de abandono.
  • Problemas de insalubridad que se agravan con el paso del tiempo y la falta de mantenimiento.
  • Parques infantiles clausurados o en condiciones indignas, condenando a niños y niñas a crecer sin espacios seguros.
  • Basura acumulada que se gestiona tarde, mal o nunca.

Nada de esto es compatible con la idea de una “reconstrucción exitosa”. Y mucho menos con la idea de una administración que escucha a su gente.

Los barrios no son un decorado. Son la vida de Alfafar

Las vecinas y vecinos de los barrios de Alfafar llevan meses repitiendo el mismo mensaje: no somos un decorado para las fiestas, no somos un escenario para hacerse fotos una vez al año y volver a desaparecer. Los barrios son la columna vertebral de un municipio, y cuando se dejan atrás, se deja atrás a su gente.

Hablar de derechos vecinales no es un eslogan. Es hablar del derecho a vivir con dignidad, a caminar por tu calle sin miedo a tropezar, a llevar a tus hijos a un parque que esté abierto y limpio, a respirar sin olores nauseabundos, a no sentir que el abandono institucional forma parte del paisaje de tu barrio.

La reconstrucción que merece Alfafar

Alfafar no necesita anuncios vacíos ni promesas que se diluyen con el tiempo. Necesita un proyecto serio de reconstrucción participativa: con asociaciones, con vecinos, con expertos, con prioridades claras y con un calendario transparente. Necesita que los recursos —que insistiremos las veces que hagan falta, sí están llegando desde el Gobierno de España— se gestionen con eficacia, con justicia territorial y con visión de futuro.

Porque cuando se gobierna pensando solo en lo que se ve, se abandona aquello que realmente importa: la vida cotidiana de la gente.

Treces meses después de la dana, las y los Socialistas de Alfafar lo seguimos diciendo alto y claro. Lo mínimo que merecen nuestros barrios es respeto, inversión y soluciones reales. Lo mínimo que merece Alfafar es un gobierno que no deje a nadie atrás. Y lo mínimo que merece nuestra gente es una reconstrucción que llegue a todas y todos, no solo a unos pocos.

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