La verdadera medida de un gobierno municipal no se encuentra en las fotografías que publica en sus redes sociales, ni en las declaraciones rimbombantes que emite ante los medios de comunicación. La verdadera medida de una administración local se calibra en su capacidad para planificar, gestionar y resolver los problemas diarios que afectan a la calidad de vida de sus vecinos. En Alfafar, bajo el mandato del Partido Popular encabezado por el alcalde Juan Ramón Adsuara, la distancia entre el relato institucional y la realidad de la calle se hace cada vez más profunda. Y no hay ámbito donde esta desconexión sea más dolorosa, evidente y perjudicial que en la gestión de las infraestructuras educativas públicas.
Cuando hablamos de la Educación en Alfafar, no estamos hablando de un debate político abstracto. Estamos hablando del futuro de los jóvenes del municipio y de las oportunidades de aquellos adultos que buscan reincorporarse al sistema. Sin embargo, al analizar detenidamente la situación del CEIP Orba y de la Escuela de Personas Adultas (EPA), lo que emerge es un patrón innegable de inacción gubernamental. La política educativa del actual equipo de gobierno se caracteriza por la improvisación crónica, la falta de calendarios y una alarmante incapacidad para ofrecer certezas a las familias y al profesorado.
El laberinto del CEIP Orba: Certezas a medias y un calendario inexistente de la Educación en Alfafar
El caso del CEIP Orba es un ejemplo de manual de cómo el equipo de gobierno de Juan Ramón Adsuara confunde la comunicación política con la gestión real. Después de meses de una angustiosa incertidumbre que ha mantenido en vilo a toda la comunidad de la Educación en Alfafar, el Ayuntamiento ha salido a la palestra para confirmar dos cuestiones que pretenden venderse como grandes avances. La primera es que el nuevo colegio se construirá, efectivamente, en la misma ubicación en la que se encontraba el anterior. La segunda es que la Conselleria continúa esperando a que concluya la redacción del proyecto para, una vez recibido, proceder a licitar las obras.
A simple vista, podría parecer una noticia tranquilizadora. Es positivo que las familias sepan, por fin, dónde se ubicará el centro. Pero desde un punto de vista de fiscalización racional, esta respuesta municipal deja prácticamente todas las preguntas fundamentales abiertas y sin contestar. Sabemos dónde estará el colegio, pero continuamos sin saber absolutamente nada sobre cuándo será una realidad palpable y construida.
La explicación técnica ofrecida por el consistorio describe un procedimiento administrativo básico, pero carece del elemento más importante de cualquier obra pública: las fechas. La ciudadanía, y en especial las familias afectadas, no saben cuándo se terminará de redactar el proyecto técnico, no saben en qué fecha exacta lo recibirá la Conselleria, desconocen cuánto tiempo durará el proceso de licitación y, por supuesto, no existe ni la más mínima previsión orientativa para el inicio o la finalización de la construcción.
Informar no es limitarse a repetir mecánicamente que «se está trabajando» o escudarse en que la pelota está en el tejado de otra administración. Informar de verdad es explicar con transparencia qué pasos concretos se han dado, qué falta por hacer, quién es el responsable de cada trámite y en qué fechas se espera completar cada fase. Las familias del CEIP Orba no necesitan confirmaciones parciales que sirvan para salir del paso en un pleno municipal; necesitan una hoja de ruta completa y transparente.
La seguridad de los barracones no puede esperar a futuras licitaciones
Pero la gravedad de la situación del CEIP Orba no se limita a un debate sobre planos y licitaciones futuras de la Educación en Alfafar. Existe una realidad material y cotidiana que exige soluciones inmediatas y que el gobierno de Adsuara parece querer invisibilizar. Mientras se resuelve la eterna burocracia de la construcción definitiva, cientos de alumnos deben acudir todos los días a recibir sus clases en unas instalaciones provisionales a base de barracones.
Las familias ya han alertado de forma reiterada sobre problemas concretos en la seguridad de estos espacios, haciendo especial hincapié en las deficiencias que presenta la valla perimetral del recinto provisional. La respuesta del Ayuntamiento ante esta situación evidencia una grave falta de sensibilidad frente a las necesidades diarias. La promesa de una futura licitación no puede utilizarse jamás como excusa para desatender los problemas inmediatos de seguridad en las instalaciones provisionales.
El alumnado de Alfafar tiene el derecho inalienable de acudir cada mañana a unas instalaciones que sean plenamente seguras hoy, no dentro de varios años cuando finalice una obra que ni siquiera tiene fecha de inicio. La responsabilidad del Ayuntamiento no desaparece por el hecho de que las instalaciones sean temporales. Exigir una intervención inmediata para garantizar la integridad del cerramiento perimetral no es un ataque político, es una demanda básica de responsabilidad civil y de protección a los menores.

La Escuela de Personas Adultas (EPA): Un servicio vital de la Educación en Alfafar tratado como segunda división
Si la situación de la Educación en Alfafar en las etapas de infantil y primaria es preocupante, el trato que el gobierno local dispensa a la educación de adultos roza directamente el desprecio institucional. La Escuela de Personas Adultas (EPA) no es, como algunos parecen creer, un servicio secundario o un simple pasatiempo para llenar las horas libres. Es, de hecho, uno de los motores educativos y sociales más importantes de Alfafar. Es el corazón de la formación en el municipio, el lugar donde los vecinos se preparan para obtener una titulación oficial, aprenden valenciano, mejoran sus competencias digitales para el mercado laboral y, algo igualmente fundamental, encuentran un espacio de convivencia que ayuda a combatir la soledad y favorece la autonomía personal.
Sin embargo, para que este motor de segundas oportunidades funcione, necesita el respaldo de unas infraestructuras dignas y estables. Históricamente, las alternativas propuestas por el Partido Popular han brillado por su ineficacia. Sirva como ejemplo el sonado fracaso del edificio Tauleta. En su momento, el Ayuntamiento presentó este inmueble como la gran solución para reorganizar los servicios municipales y acoger a la EPA, pero la realidad demostró la total falta de previsión del equipo de gobierno. El traslado jamás se materializó en los términos anunciados debido a la incapacidad para homologar las aulas conforme a las estrictas exigencias necesarias para impartir la formación vinculada a Labora. Una promesa vacía más que terminó en el cajón de los olvidos.

Un inicio de curso marcado por la improvisación
Lejos de haber aprendido de los errores del pasado, la gestión actual de la Educación en Alfafar, especialmente en lo que respecta a los espacios para la EPA sigue sumida en la improvisación y la provisionalidad. Recientemente se ha anunciado una reforma integral del edificio del Casco Antiguo, cuya memoria fue aprobada apresuradamente el 10 de julio de 2026, indicando que el proyecto técnico ya está redactado y que el siguiente paso será licitar las obras. Paralelamente, en la EPA de Alfalares, se está revisando un proyecto encargado a TRAGSA para instalar un ascensor que mejore la accesibilidad.
Se trata de pasos administrativos que, si bien son necesarios, llegan sumamente tarde y no responden a la angustia inmediata de los usuarios. Cuando se le pregunta directamente al equipo de gobierno si ambos centros estarán habilitados y listos para comenzar el próximo curso con absoluta normalidad, la respuesta municipal se desvía y evita dar ningún tipo de confirmación. Por el contrario, el Ayuntamiento admite que está trabajando para habilitar espacios alternativos, lo que supone una confesión implícita de que las obras no estarán terminadas a tiempo para el inicio de las clases.
A esto se suma la alarmante falta de claridad sobre la distribución de los limitados espacios comunes. Sigue sin explicarse qué ocurrirá, por ejemplo, con el patio de la EPA del Casco Antiguo. El silencio municipal ante la pregunta de si este espacio será de uso exclusivo para el alumnado o si tendrá que ser compartido con otros proyectos, demuestra una planificación profundamente deficiente. El profesorado necesita herramientas estables para planificar su labor docente, y el alumnado de adultos merece comenzar su curso escolar sin tener que sufrir las consecuencias de la improvisación de última hora. La Educación en Alfafar no necesita que el Ayuntamiento le busque un hueco a prisa y corriendo; necesita el lugar digno, propio y definitivo que se ha ganado a pulso.
Conclusión: El fin del relato de los parches en la Educación en Alfafar
La suma de la situación del CEIP Orba y de las diferentes sedes de la EPA dibuja un panorama desolador de la política educativa del gobierno de Juan Ramón Adsuara. Es el retrato de una administración que se ha acostumbrado a gobernar a base de parches, anuncios de futuras licitaciones sin fecha y evasivas procedimentales, olvidando que detrás de cada expediente retrasado hay familias sufriendo incertidumbre y vecinos perdiendo oportunidades reales de crecimiento.
La ciudadanía de Alfafar, que sostiene con sus impuestos los servicios públicos, no puede ni debe conformarse con un gobierno que se limita a tramitar papeles a destiempo. El PSOE de Alfafar lo tiene claro. Nuestro municipio necesita urgentemente gestores que se anticipen a los problemas, que garanticen la seguridad inmediata de los recintos provisionales y que apuesten firmemente por una Educación en Alfafar pública, dotada de espacios dignos y definitivos. Todo lo que no sea asumir esta responsabilidad es, pura y simplemente, dar la espalda al futuro del municipio.

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