Hay una diferencia clara entre equivocarse y no saber gestionar. Entre cometer un error puntual y construir una forma de gobernar basada en la improvisación. En Alfafar, esa diferencia hace tiempo que dejó de ser difusa. Lo que estamos viendo no son fallos aislados, es un modelo. Ese modelo responde a la cualidad fundamental de los miembros del PP de Alfafar: son unos incomPPetentes.
No se trata de un juego de palabras sin más. Se trata de describir una forma de gobernar en la que el Partido Popular de Alfafar ha normalizado una dinámica preocupante: llegar tarde, actuar mal y justificarlo después. Una secuencia que se repite con demasiada frecuencia como para seguir considerándola casual.
Porque cuando los mismos problemas se abordan siempre de la misma manera, el problema deja de estar en la circunstancia y pasa a estar en quien gobierna.
La ausencia total de anticipación
Uno de los rasgos más evidentes de la gestión municipal actual es la incapacidad para anticiparse. Los problemas no se detectan desde dentro del Ayuntamiento, no se planifican soluciones y no existe una estrategia clara de mantenimiento o mejora del espacio público. Se actúa cuando el problema ya es visible, cuando ya ha sido denunciado o cuando ya resulta imposible ignorarlo.
Esa forma de proceder define una política reactiva, no preventiva. Y una política reactiva no solo llega tarde, sino que obliga a tomar decisiones con prisas, sin análisis y sin margen de corrección. Es en ese punto donde la gestión empieza a fallar de forma sistemática.
No es una cuestión de recursos ni de complejidad técnica. Es una cuestión de método. Cuando no hay planificación, todo se convierte en urgencia. Y cuando todo es urgente, nada se hace bien.
Se mueven por la lógica del PParche
Llegar tarde tiene una consecuencia inevitable: se actúa mal. No porque no se quiera hacer mejor, sino porque ya no hay tiempo para hacerlo bien. La gestión municipal del PP de Alfafar se ha instalado en esa lógica, en la del PParche, en la de la intervención rápida que pretende cerrar el problema sin resolverlo.
El resultado es visible en múltiples actuaciones: acabados deficientes, soluciones provisionales que se convierten en permanentes y una sensación constante de improvisación. No hay criterio de calidad, hay necesidad de reacción. Y esa diferencia es clave.
Cuando el objetivo es poder decir que se ha actuado, cualquier resultado sirve. Pero la ciudadanía no evalúa la intención, evalúa el resultado; y el resultado, cada vez con más frecuencia, es insuficiente.
Aquí es donde el término cobra sentido. No es solo que se equivoquen, es que gestionan mal de forma reiterada. Es IncomPPetencia convertida en rutina.
Balones fuera
La tercera fase de este modelo es tan previsible como las anteriores. Cuando el resultado no convence, cuando la chaPPuza es evidente o cuando la crítica se mantiene, llega la justificación. Y nunca es interna. Siempre hay un factor externo. Una administración superior, una empresa, un procedimiento, una circunstancia sobrevenida. La responsabilidad nunca es propia. Siempre es de otro.
Este recurso constante a la excusa no solo no resuelve el problema, sino que lo agrava. Porque añade una segunda capa de desconfianza: a la mala gestión se suma la falta de asunción de responsabilidades. Cuando una administración no reconoce sus errores, deja de ser creíble.

«IncomPPetentes» va más allá de un juego de palabras con sus siglas
El término puede parecer provocador, pero describe con precisión una realidad política. IncomPPetentes no es un insulto, es un diagnóstico. Es la consecuencia de observar un patrón que se repite: llegar tarde, actuar mal y justificar después.
No se trata de una crítica puntual ni de una discrepancia política concreta. Se trata de un problema estructural en la forma de gestionar el municipio. Un problema que afecta al mantenimiento, a la planificación, a la ejecución y a la rendición de cuentas.
Alfafar no necesita una administración que reaccione. Necesita una administración que gobierne. Que anticipe, que planifique y que ejecute con criterio. Que entienda que el espacio público no es un problema que apagar, sino una responsabilidad que cuidar.
Porque cuando la improvisación se convierte en norma, deja de ser un accidente. Cuando deja de ser un accidente, tiene adjetivo propio: incomPPetentes. Las y los Socialistas de Alfafar lo tenemos claro, así como mucha gente de nuestro pueblo.


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