Imagen gráfica sobre la política fiscal en Alfafar, con un representante político en primer plano, varios recibos de impuestos como IBI e IVTM, una flecha roja ascendente y el texto “Un nuevo tasazo made in Adsuara”, en referencia a la subida de impuestos municipales.

El Ayuntamiento de Alfafar ha tomado una decisión de política fiscal que clama al cielo. Una medida que impacta directamente en el día a día de muchas vecinas y vecinos: eliminar la bonificación del IVTM para vehículos híbridos y eléctricos y aprobar una subida del 1% del IBI en todas las viviendas del municipio. No hablamos de una medida aislada ni de un simple ajuste técnico. Hablamos de una declaración de intenciones. Una forma de entender la fiscalidad que nos aleja de un municipio moderno, justo y sensible con la realidad de sus vecinos.

Durante años se ha pedido responsabilidad a la ciudadanía. Se ha hablado de sostenibilidad, de movilidad limpia, de calidad del aire y de compromiso medioambiental. Muchas familias escucharon ese mensaje y decidieron hacer un esfuerzo económico importante para adquirir un vehículo híbrido o eléctrico. No lo hicieron por capricho. Lo hicieron porque querían contaminar menos, reducir emisiones y contribuir, desde sus posibilidades, a un Alfafar más saludable y preparado para el futuro.

La respuesta del gobierno local del PP ha sido eliminar de golpe esa bonificación. Sin transición. Sin una explicación suficiente. Sin tener en cuenta que detrás de cada vehículo hay una familia, un trabajador, una autónoma o una persona que organizó su economía contando con unas condiciones que ahora desaparecen. Aquello que ayer se incentivaba, hoy se penaliza. Y eso no es una política fiscal responsable: es un castigo a la sostenibilidad.

Castigar la movilidad sostenible es ir contra el futuro de Alfafar

Una política fiscal en Alfafar debería premiar a quienes contribuyen a mejorar el municipio, no ponerles más dificultades. Si una familia apuesta por un vehículo híbrido o eléctrico, está asumiendo una inversión mayor precisamente porque confía en un modelo de movilidad más limpio y eficiente. La administración local debería acompañar ese esfuerzo, no retirarle el apoyo de un día para otro.

Eliminar la bonificación del IVTM a los vehículos híbridos y eléctricos manda un mensaje muy negativo. Viene a decir que da igual el esfuerzo realizado, que da igual haber apostado por una movilidad menos contaminante, que da igual haber seguido el camino que tantas instituciones han recomendado durante años. Al final, la respuesta del Ayuntamiento es la misma: más carga a los de siempre en su política fiscal.

Y el problema no es solo económico. También es de confianza. Cuando una administración cambia las reglas sin sensibilidad y sin previsión, genera desafección. La ciudadanía deja de creer en los incentivos públicos, en los discursos de sostenibilidad y en la coherencia de quienes gobiernan. No se puede pedir a la gente que avance hacia un municipio más moderno y después ponerle una zancadilla cuando ya ha hecho el esfuerzo.

Alfafar no puede permitirse una política fiscal que castigue el progreso. Si queremos un municipio más limpio, más habitable y más comprometido con la calidad del aire, las decisiones fiscales deben ir en esa dirección. Lo contrario es retroceder.

Más presión fiscal para familias que ya hacen demasiados equilibrios

A la eliminación de la bonificación del IVTM se suma la subida del 1% del IBI en todas las viviendas de Alfafar. De nuevo, una medida que se presenta como asumible, pero que llega en un momento especialmente complicado para muchas familias. Porque la ciudadanía no vive los impuestos de forma aislada. Los vive sumados al precio de la cesta de la compra, a los suministros, a las hipotecas, a los alquileres, al combustible, al mantenimiento del vehículo y a todos los gastos ordinarios que pesan cada mes.

Puede parecer poco desde un despacho. Pero para muchas casas, cada subida cuenta. Cada recibo añadido obliga a reorganizar prioridades. Cada incremento, aunque parezca pequeño, forma parte de una cadena de presión que acaba afectando directamente a la tranquilidad de las familias.

Por eso resulta tan injusto que la respuesta del gobierno municipal sea siempre la misma: tirar del bolsillo de la gente. Subir impuestos sin ofrecer mejoras claras en los servicios públicos es una forma de gobernar agotada. Es pedir más sin demostrar antes que se gestiona mejor. Es exigir sacrificios a la ciudadanía sin explicar qué sacrificios ha hecho el propio Ayuntamiento para reducir gastos innecesarios, eliminar lo superfluo o mejorar la eficiencia de sus recursos.

La fiscalidad municipal debe servir para sostener servicios y mejorar la vida del municipio. Pero cuando la ciudadanía soporta más carga fiscal mientras Alfafar sigue arrastrando las mismas carencias de siempre, la pregunta es inevitable: ¿para qué se pide exactamente ese esfuerzo?

Más impuestos, pero las mismas carencias de siempre: la política fiscal del PP de Alfafar

El fondo del debate no está solo en una bonificación eliminada o en una subida concreta del IBI. El fondo está en el modelo de gestión, no solo en su política fiscal. Porque si el Ayuntamiento pide más a los vecinos, lo mínimo es que esos vecinos vean una mejora clara en los servicios públicos, en el mantenimiento urbano, en la limpieza, en la atención a los barrios, en la planificación municipal y en la respuesta a los problemas cotidianos.

Pero la realidad que muchas vecinas y vecinos perciben es otra. Alfafar sigue teniendo carencias visibles. Siguen existiendo problemas de mantenimiento, falta de planificación, sensación de improvisación y respuestas insuficientes ante necesidades que no son nuevas. En ese contexto, aumentar la presión fiscal no se percibe como una medida de responsabilidad, sino como una forma de tapar la falta de gestión.

No podemos normalizar que cada problema municipal acabe resolviéndose con una nueva carga para la ciudadanía. No podemos aceptar que, ante la falta de planificación, la solución sea recaudar más. No podemos permitir que las familias, los autónomos y los trabajadores sean quienes paguen una gestión que no sabe ahorrar donde debe ni priorizar lo importante.

Gobernar no es trasladar los problemas al recibo de los vecinos. Gobernar es tomar decisiones valientes, ordenar prioridades y demostrar que cada euro público se utiliza con sentido.

Los que prometen bajar impuestos también los suben

Hay una contradicción evidente entre lo que el PP suele predicar y lo que aplica en Alfafar. Son los que van de adalides de bajar impuestos, de aliviar cargas y de defender el bolsillo de las familias, pero cuando llegan al gobierno municipal la realidad es muy distinta. En Alfafar, esa supuesta defensa del contribuyente se traduce en eliminar una bonificación que ayudaba a quienes apostaban por vehículos híbridos y eléctricos y en subir el IBI a todas las viviendas del municipio.

La política fiscal no se mide por los discursos, sino por los recibos. Y los recibos están diciendo algo muy claro: se está pidiendo más esfuerzo a la ciudadanía. Se está cargando más presión sobre quienes ya sostienen el municipio cada día. Se está castigando a quienes han hecho un esfuerzo por avanzar hacia una movilidad más sostenible.

Alfafar merece más coherencia. No se puede ir de adalid de la bajada de impuestos mientras se aprueban medidas que aumentan la carga fiscal de las familias. No se puede defender la sostenibilidad mientras se retira el apoyo a quienes apuestan por ella. No se puede pedir confianza a la ciudadanía mientras se toman decisiones sin suficiente explicación, sin transición y sin sensibilidad social.

La realidad es sencilla: prometer bajar impuestos y acabar subiendo la presión fiscal no es defender a las familias, es fallarles. Y eso es especialmente grave cuando quienes pagan las consecuencias son los vecinos y vecinas que ya están haciendo demasiados equilibrios para llegar a final de mes.

Alfafar necesita otra forma de hacer las cosas

Alfafar merece una política fiscal justa. Una política fiscal que acompañe a sus vecinos, no que los presione. Que incentive el progreso, no que lo castigue. Que entienda que muchas familias hacen un enorme esfuerzo para salir adelante y que cada decisión municipal debe tomarse pensando en esa realidad.

En el PSOE Alfafar creemos forma de hacer las cosas es posible. Una forma basada en la transparencia, en la planificación y en la sensibilidad. Una forma que revise primero el gasto superfluo antes de pedir más a la ciudadanía. Una forma que mantenga incentivos útiles para avanzar hacia un municipio más sostenible. Una forma que explique cada decisión y que no convierta la fiscalidad en un mecanismo automático de recaudación.

Alfafar no necesita una política fiscal del sablazo permanente. Necesita un gobierno que se ponga del lado de la gente. Que entienda que el progreso no se penaliza, se acompaña. Que comprenda que la sostenibilidad no se defiende solo en los discursos, sino también en las ordenanzas fiscales. Que tenga claro que gobernar no es asfixiar a quienes más se esfuerzan.

La solución a la falta de gestión municipal no puede ser, una vez más, tirar del bolsillo de la gente. Alfafar merece una política fiscal que cuide, que acompañe y que tenga claro que el bienestar de las familias debe estar siempre por encima de cualquier cálculo recaudatorio.

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