Imagen gráfica sobre la falta de luces en Alfafar, con una calle oscura de noche, un representante político en primer plano, una bombilla rota sobre su cabeza y el texto “Este gobierno local tiene pocas luces”.

Adsuara y su equipo tienen pocas luces, eso es así. La iluminación en Alfafar no es un problema nuevo. Tampoco es una reivindicación improvisada ni una crítica nacida al calor de la actualidad. El PSOE de Alfafar lleva años, y cuando decimos años hablamos de varias legislaturas, reclamando una renovación seria de la iluminación del municipio. Una reivindicación que también han compartido en distintos momentos otros partidos de la oposición, con mociones y propuestas dirigidas a mejorar un aspecto básico de cualquier pueblo: que sus calles estén bien iluminadas, sean seguras y permitan caminar con tranquilidad.

Porque hablar de iluminación pública no es hablar de una cuestión estética ni de un capricho urbanístico. Hablar de iluminación es hablar de seguridad, de igualdad, de ahorro energético, de sostenibilidad y de calidad de vida. En Alfafar, por desgracia, basta con caminar de noche por determinadas zonas para comprobar que el municipio sigue teniendo un problema evidente de luz, de planificación y de mantenimiento.

La comparación con municipios vecinos resulta especialmente llamativa. En muchas ocasiones, al caminar por pueblos próximos, la diferencia se percibe de inmediato: calles con luces blancas, aceras mejor iluminadas, calzadas visibles y una sensación general de seguridad. Sin embargo, al cruzar a Alfafar, la realidad cambia. Aparecen luces amarillas, zonas con poca visibilidad, tramos oscuros y espacios donde caminar por la noche genera una sensación de inseguridad que no debería formar parte de la vida cotidiana de ningún vecino ni vecina.

Después de casi 16 años de gobierno, el ejecutivo de Adsuara no puede seguir tratando este problema como si acabara de aparecer. Alfafar lleva demasiado tiempo esperando una actuación integral sobre su iluminación pública.

Calle de Alfafar fotografiada de noche con luces amarillas y zonas poco iluminadas, vehículos aparcados y una sensación general de baja visibilidad en el entorno urbano.

La iluminación en Alfafar es una cuestión de seguridad ciudadana

Una calle bien iluminada no resuelve todos los problemas, pero sí cambia de forma clara la percepción de seguridad. Las luces permiten caminar con más tranquilidad, mejora la visibilidad de peatones y vehículos, reduce zonas de riesgo y contribuye a que los espacios públicos sean más utilizados y más vivibles.

En Alfafar, sin embargo, siguen existiendo puntos oscuros, calles mal iluminadas y zonas donde la luz resulta claramente insuficiente. No se trata solo de ver mejor; se trata de sentirse más seguro al volver a casa, al sacar al perro, al ir a trabajar temprano o al cruzar una calle por la noche.

La seguridad ciudadana también empieza por lo básico. Empieza por tener aceras transitables, pasos visibles, calles cuidadas y una iluminación adecuada. Cuando un municipio mantiene durante años un sistema de alumbrado deficiente, está enviando un mensaje preocupante: que algo tan elemental como caminar con tranquilidad por el pueblo puede seguir esperando. Alfafar ya ha esperado demasiado.

Una perspectiva de género que no puede quedarse en discursos

La iluminación pública también tiene una relación directa con la perspectiva de género. Muchas veces se habla de igualdad, de ciudades seguras, de urbanismo con mirada feminista y de políticas públicas pensadas para todas las personas. Pero esas palabras deben traducirse en decisiones concretas. Y una de las más básicas es garantizar que las calles estén suficientemente iluminadas.

No se puede presumir de defender la perspectiva de género mientras se mantiene un municipio con puntos oscuros, zonas mal iluminadas y espacios que muchas mujeres evitan por sensación de inseguridad. La seguridad no se construye solo con declaraciones institucionales. Se construye también con farolas, con planificación urbana, con mantenimiento y con capacidad de escuchar lo que la ciudadanía lleva años señalando.

Una buena iluminación permite que más personas usen el espacio público con libertad. Permite que una mujer vuelva a casa con más tranquilidad. Permite que una persona mayor camine sin miedo a tropezar. Permite que una familia cruce una calle con mayor seguridad. La luz también es una política pública de igualdad; pero tienen pocas luces o ni siquiera las tienen.

Por eso sorprende todavía más que un gobierno que suele llenarse la boca hablando de igualdad y bienestar haya dejado durante tantos años esta cuestión sin resolver de forma estructural.

Pasarela peatonal de Alfafar de noche con luces insuficientes en los alrededores, zonas oscuras y una visibilidad irregular que afecta a la sensación de seguridad.

No es un problema nacido tras la dana

Es cierto que dentro de los programas de reconstrucción se ha valorado económicamente la sustitución de luminarias y la renovación de parte del sistema de iluminación por tecnología LED. Pero conviene no confundir las cosas. La falta de iluminación en Alfafar no nace con la dana ni puede utilizarse la dana como excusa para explicar años de inacción.

La dana ha agravado muchos problemas, ha obligado a priorizar actuaciones urgentes y ha puesto a prueba la capacidad de respuesta de las administraciones. Pero la reivindicación sobre la iluminación de Alfafar viene de mucho antes. Se ha planteado en legislaturas anteriores, se ha debatido en mociones, se ha trasladado desde la oposición y se ha señalado en numerosas ocasiones como una necesidad municipal evidente.

Por eso, aunque cualquier inversión para renovar el alumbrado será bienvenida, no se puede presentar ahora como si el problema hubiera aparecido de repente. Alfafar arrastra esta carencia desde hace años y el gobierno de Adsuara ha tenido tiempo, recursos y oportunidades para actuar antes.

Años de oportunidades perdidas por las «pocas luces» del PP de Alfafar

Durante los últimos años han existido numerosos planes económicos y líneas de financiación procedentes de otras administraciones: Diputación, Generalitat, Estado y fondos europeos. Muchos municipios han utilizado esas oportunidades para modernizar infraestructuras, mejorar la eficiencia energética, renovar alumbrado público y avanzar hacia modelos urbanos más sostenibles.

Calle estrecha de Alfafar fotografiada de noche con coches aparcados, luces desiguales y tramos con poca iluminación en aceras y calzada.

Alfafar también podría haber aprovechado mejor esas vías. No estamos hablando de una actuación imposible ni de una inversión caprichosa. Estamos hablando de una mejora básica que otros municipios han ido abordando mientras Alfafar seguía acumulando retraso.

La renovación de luminarias por tecnología LED no solo mejora la calidad de la luz. También permite reducir el consumo energético, disminuir la factura eléctrica municipal y avanzar hacia un modelo más eficiente. Es decir, no se trata únicamente de gastar. Se trata de invertir mejor para ahorrar después, mejorar la seguridad y modernizar el municipio.

Después de tantos años de gobierno, resulta difícil aceptar que la falta de actuación se explique solo por falta de recursos. Cuando un problema se repite durante varias legislaturas, ya no hablamos de una dificultad puntual: hablamos de falta de prioridad política.

Iluminación LED, ahorro energético y compromiso ambiental

La renovación del alumbrado público también tiene una dimensión ambiental que no puede ignorarse. Sustituir luminarias obsoletas por iluminación LED supone reducir el consumo energético, mejorar la eficiencia y disminuir emisiones asociadas al gasto eléctrico. En un contexto en el que todas las administraciones hablan de transición ecológica, economía verde y sostenibilidad, esta actuación debería haber sido una prioridad evidente.

No se puede hablar de municipio moderno, sostenible y adaptado al futuro mientras se mantiene una iluminación antigua, deficiente y poco eficiente. La sostenibilidad no se demuestra solo con discursos o campañas institucionales. Se demuestra con inversiones concretas que reducen el consumo, mejoran la vida diaria y preparan el municipio para los retos actuales.

Alfafar necesita una iluminación pública a la altura de lo que sus vecinos merecen. Una iluminación que combine seguridad, eficiencia, ahorro y respeto ambiental. Una iluminación que no deje barrios atrás ni genere diferencias evidentes entre unas zonas y otras.

El gobierno de Adsuara tiene pocas luces

El titular puede sonar irónico, pero el problema es muy serio. El gobierno de Adsuara tiene pocas luces porque ha dejado pasar demasiados años sin abordar una renovación integral del alumbrado público. Tiene pocas luces porque no ha sabido anticiparse. Tiene pocas luces porque ha ignorado reivindicaciones reiteradas de la oposición y de la ciudadanía. Y tiene pocas luces porque sigue tratando como una cuestión secundaria algo que afecta directamente a la seguridad y al bienestar de miles de vecinos.

Alfafar no necesita más excusas. Necesita planificación, inversión y voluntad política. Necesita un gobierno que mire sus calles por la noche, que escuche a quienes las caminan y que entienda que la calidad de un municipio también se mide cuando cae el sol.

La iluminación en Alfafar debe dejar de ser una promesa pendiente para convertirse en una prioridad real. Por seguridad, por igualdad, por ahorro energético, por sostenibilidad y por respeto a la ciudadanía. Después de casi 16 años de gobierno, Alfafar no puede seguir a oscuras. Y mucho menos puede seguir esperando a que quienes gobiernan descubran ahora un problema que el pueblo lleva años viendo cada noche.

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