El Gobierno de Pedro Sánchez celebra su séptimo aniversario al frente del país con un dato que marca un antes y un después en la historia del mercado laboral español: por primera vez desde el año 2008, el número de personas desempleadas ha caído por debajo de los 2,5 millones.
En concreto, el paro registrado en el mes de mayo se situó en 2.471.000 personas, un nivel que no se alcanzaba desde antes de la crisis financiera. Esta cifra, que supone un alivio para miles de familias en todo el país, se acompaña además de otro récord histórico: España ha superado los 21,3 millones de afiliaciones a la Seguridad Social, alcanzando los 21.321.794 cotizantes. Son datos que reflejan un cambio profundo en el modelo económico, sustentado por políticas progresistas, inversión pública y un firme compromiso con el empleo digno.
Un cambio de rumbo tras años de precariedad y recortes
Cuando Pedro Sánchez accedió al Gobierno en 2018, España venía arrastrando años de precariedad laboral, austeridad y desigualdad social. Aunque la economía mostraba algunos signos de recuperación tras la crisis del ladrillo y los ajustes aplicados por gobiernos anteriores, los frutos de ese crecimiento no se repartían de forma justa. El empleo era mayoritariamente temporal, inestable y mal remunerado. La temporalidad superaba el 26 %, y muchos trabajadores encadenaban contratos de pocos días o incluso horas. En ese contexto, el nuevo Gobierno progresista se propuso transformar el mercado laboral desde la raíz, con un enfoque basado en el trabajo decente, los derechos sociales y la estabilidad.
Una de las medidas clave en esta transformación fue la reforma laboral de 2021. A diferencia de reformas anteriores que recortaban derechos, esta normativa surgió del consenso entre el Gobierno, los sindicatos y las organizaciones empresariales. El objetivo principal era combatir la precariedad estructural que afectaba al mercado laboral español, especialmente a los jóvenes y a las mujeres. La nueva legislación limitó de forma drástica el uso abusivo de contratos temporales y dio prioridad al contrato indefinido como forma habitual de contratación. El resultado ha sido contundente: más de un millón de nuevos contratos indefinidos y una reducción histórica de la temporalidad en todos los sectores económicos.
La recuperación más justa tras una pandemia histórica
A este esfuerzo estructural se le sumó una gestión eficaz de la pandemia del COVID-19, que puso a prueba la capacidad de respuesta del Estado. Mientras otros países optaron por despidos masivos y recortes, el Gobierno español activó un escudo social sin precedentes para proteger el empleo y los ingresos de los hogares. Los ERTE permitieron mantener a millones de personas vinculadas a sus puestos de trabajo durante los peores meses de la crisis sanitaria. Además, se puso en marcha el Ingreso Mínimo Vital y se reforzaron las ayudas a autónomos, pequeñas empresas y sectores especialmente golpeados como el turismo, la cultura o la hostelería.
Estas decisiones del Gobierno de Pedro Sánchez permitieron una recuperación más rápida y más justa. Lejos de una salida en forma de recortes, España apostó por una estrategia expansiva, basada en la inversión pública, el fortalecimiento del estado del bienestar y el impulso a sectores estratégicos. En ese marco, los fondos europeos del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia han desempeñado un papel central. Más de 80.000 millones de euros han sido movilizados para financiar proyectos de digitalización, transición ecológica, movilidad sostenible, investigación e infraestructuras, generando empleo y actividad económica en todo el país.
España, locomotora del crecimiento en Europa
En paralelo a la mejora del empleo, España se ha consolidado como una de las economías más dinámicas de la Unión Europea. En los últimos años, el crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) ha superado la media de la eurozona, con un comportamiento especialmente sólido en sectores como los servicios, las exportaciones y la industria vinculada a la transición verde. Este impulso ha ido acompañado de una política fiscal responsable, que ha conseguido reducir el déficit sin renunciar a la inversión social, y de una inflación contenida en comparación con otros países del entorno.
El aumento del empleo no ha sido, por tanto, un fenómeno aislado, sino parte de una estrategia integral de modernización económica de Pedro Sánchez y su ejecutivo. España ha conseguido crear más puestos de trabajo y con mejores condiciones, al mismo tiempo que ha reducido la deuda pública, fortalecido su tejido productivo y mantenido la paz social. Todo ello con un Gobierno de coalición que ha demostrado capacidad de diálogo, vocación de servicio público y firmeza en la defensa de los derechos laborales.
El paro baja, el salario sube y el bienestar avanza
Junto a la caída del desempleo, otro de los avances más significativos ha sido la revalorización del trabajo. En estos siete años de Gobierno de Pedro Sánchez, el salario mínimo interprofesional ha pasado de 735 euros en 2018 a 1.134 euros en 2025, un incremento de más del 50 %. Esta medida ha mejorado la vida de millones de trabajadores, en especial en sectores con sueldos bajos y menor poder de negociación. A su vez, ha tenido un impacto positivo en el consumo interno, contribuyendo al crecimiento de la economía y a la creación de empleo.
El fortalecimiento de la negociación colectiva y el impulso a convenios sectoriales también han contribuido a una mejora generalizada de los salarios. Al mismo tiempo, la ampliación de derechos laborales, como la ley de riders, la reforma del subsidio de desempleo, el refuerzo de la Inspección de Trabajo y la protección a las empleadas del hogar, ha ayudado a dignificar sectores tradicionalmente marginados. La igualdad entre hombres y mujeres ha sido otro eje clave, con planes de igualdad obligatorios para empresas y avances en la conciliación laboral y familiar.
Una política económica al servicio de la mayoría social
El éxito de estos indicadores no se entiende sin la voluntad política de poner la economía al servicio de las personas. Frente a quienes defendían que el crecimiento debía depender del mercado y la competencia sin intervención pública, el Gobierno ha demostrado que es posible crecer sin dejar a nadie atrás. El paro ha bajado, pero también ha mejorado la calidad del empleo. Se han creado más puestos de trabajo, pero también más seguros, más estables y con más derechos.
Este modelo no solo es más justo, sino también más eficiente. Una economía donde la gente tiene empleo, puede consumir, pagar impuestos y vivir con dignidad, es una economía más sólida y más resistente a las crisis. La España de Pedro Sánchez ha demostrado que no es necesario elegir entre crecimiento y protección social, entre competitividad y justicia. Con políticas valientes, diálogo social y compromiso institucional, se pueden alcanzar resultados históricos como los que hoy celebramos.
Siete años después, un país más fuerte y con más oportunidades
Con la cifra de parados por debajo de los 2,5 millones y más de 21,3 millones de personas trabajando, España se encuentra en un momento clave de su historia económica. Lejos queda ya la imagen de un país atrapado en la precariedad y la desesperanza. Hoy, gracias al trabajo colectivo y a una política económica coherente y comprometida, hay más oportunidades, más derechos y más futuro. Y todo ello, sin renunciar a los valores que inspiran a una sociedad más justa, cohesionada y solidaria.
Este séptimo aniversario del Gobierno de Pedro Sánchez es mucho más que una efeméride: es la confirmación de que otra forma de gobernar es posible, y de que las decisiones políticas sí cambian la vida de las personas. España ha hecho historia, y lo ha hecho con más empleo, más dignidad y más esperanza.

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