Imagen conceptual sobre la falta de libertad de expresión en Alfafar. Un hombre joven que representa a la oposición aparece amordazado con cinta americana negra, atado con cuerdas y con un cartel colgado al cuello que dice "CENSURADO". A su lado, un hombre mayor con gafas y traje, que simboliza al alcalde Juan Ramón Adsuara, sonríe mientras sostiene un gran sello rojo con la palabra "CENSOR". De fondo, se aprecian un escudo institucional difuminado y carteles propagandísticos con frases como "PROHIBIDO HABLAR" y "EL PLENO DE ALFAFAR NO ES PARA TI. OBEDECE".

Hay ocasiones en las que un pleno municipal sirve para debatir propuestas, confrontar modelos políticos o aprobar medidas para mejorar la vida de los vecinos. Y hay ocasiones en las que un pleno sirve para algo mucho más revelador: mostrar con absoluta claridad cómo entiende un gobierno la democracia, la rendición de cuentas y la relación con quienes tienen la obligación de fiscalizar su gestión. El último pleno de Alfafar pertenece a esta segunda categoría porque, más allá de las mociones o votaciones, lo que quedó patente fue la incapacidad absoluta del equipo de gobierno del Partido Popular para aceptar cualquier crítica a su gestión. No hablamos de ataques personales ni de insultos, sino de preguntas legítimas y de exigencia de responsabilidades. Sin embargo, la reacción del gobierno de Juan Ramón Adsuara en el pleno de Alfafar parece ser siempre desacreditar al que pregunta, convirtiendo el debate en un reproche permanente que ya no parece una reacción puntual fruto del desgaste político, sino una preocupante forma de entender el poder.

Si alguien escuchara determinados plenos sin conocer la realidad de nuestro municipio, podría llegar a la sorprendente conclusión de que en Alfafar nunca se cometen errores de gestión ni existen decisiones equivocadas. La autocrítica ha desaparecido por completo del discurso del gobierno municipal del PP y, cuando algo no funciona, la culpa siempre pertenece a otra administración, a una empresa adjudicataria o a la propia oposición por señalarlo. Los socialistas tenemos claro que reconocer los errores es una señal de madurez institucional que transmite confianza a la ciudadanía; por el contrario, los gobiernos que nunca admiten haberse equivocado acaban demostrando una debilidad política inmensa. La sensación que dejó la última sesión fue precisamente esa: la de un gobierno incapaz de reconocer el más mínimo fallo incluso cuando la evidencia resulta difícil de discutir ante los ojos de los vecinos.

El último pleno de Alfafar destapa la concepción del poder de Juan Ramón Adsuara ante la labor de control de la oposición

La democracia local funciona sobre un principio muy sencillo en el que el gobierno gestiona y la oposición fiscaliza de manera normal y democrática. Sin embargo, cada vez resulta más evidente que Juan Ramón Adsuara y su equipo han decidido interpretar la fiscalización como una forma de hostilidad política, intentando deslegitimar cualquier queja vecinal. Cuando los socialistas preguntamos por una actuación o denunciamos deficiencias en las calles de Alfafar, la respuesta nunca es una explicación detallada, sino un intento constante de esquivar el fondo de la cuestión. Este comportamiento revela una alarmante concepción del poder según la cual gobernar debería implicar quedar protegido frente a la crítica, olvidando que la salud democrática de un pueblo depende precisamente de garantizar que quienes gobiernan tengan que responder a las preguntas incómodas.

Montaje fotográfico de denuncia política que muestra al equipo de gobierno del Ayuntamiento de Alfafar, liderado por el alcalde Juan Ramón Adsuara en el centro con camisa blanca y vaqueros, junto a sus concejales (incluyendo a Arcadio del Real y Noelia Moreno). El grupo aparece posando de pie y sonriendo, integrado artificialmente dentro del escenario de un edificio en ruinas, abandonado, con el techo destruido y vigas rotas, simbolizando el desgaste y la falta de gestión municipal en la localidad y el pleno de Alfafar.

Un equipo de gobierno que «nunca se equivoca»

Uno de los aspectos más llamativos del último pleno de Alfafar fue observar cómo determinadas respuestas especialmente duras hacia la oposición fueron asumidas por concejales que tradicionalmente mantenían perfiles más dialogantes. Arcadio del Real y Noelia Moreno parecen ejercer como principales escuderos políticos de una estrategia del PP que cada vez parece menos diseñada para dar soluciones y más orientada a la confrontación. Resulta muy llamativo que ambos concejales asuman ahora el desgaste político de responder a las críticas más incómodas mientras la figura del Alcalde permanece cómodamente en un segundo plano. La pregunta que se hace todo el pueblo es inevitable: ¿por qué necesita un alcalde recurrir constantemente a terceros para responder a la oposición en lugar de dar la cara ante la ciudadanía?

La respuesta a esta actitud probablemente tenga que ver con el evidente desgaste de un proyecto político que empieza a quedarse sin respuestas y muestra claros síntomas de final de ciclo. Lo que se percibe actualmente en el Ayuntamiento de Alfafar es una creciente obsesión por controlar el relato político en las redes sociales en lugar de responder a los problemas reales que sufren los vecinos en su día a día. Cuando un gobierno interpreta cualquier discrepancia como un ataque personal y se muestra molesto por tener que dar explicaciones, es que el proyecto del Partido Popular en Alfafar está agotado.

La cuestión verdaderamente importante que deja este pleno de Alfafar no es si la oposición tiene razón en una denuncia concreta, sino si el alcalde acepta las reglas del juego democrático. El problema empieza a estar en quien gobierna cuando una administración considera que el verdadero peligro no son sus propios errores de gestión, sino aquellos vecinos y representantes que se atreven a señalarlos. Desde el PSPV-PSOE de Alfafar seguiremos ejerciendo nuestra labor de control con firmeza, porque los vecinos merecen un gobierno que escuche, que rinda cuentas y que vuelva a poner la transparencia en el centro del ayuntamiento.

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