Hay una sensación que se repite con demasiada frecuencia en Alfafar. No es un rumor ni una exageración interesada. Es una percepción compartida por buena parte de la ciudadanía: el alcalde no está. Juan Ramón Adsuara no está en la calle, no está con los vecinos y vecinas, no está cuando más se le necesita. Y esa ausencia, sostenida en el tiempo, empieza a pesar más que cualquier anuncio publicado en redes sociales, a los que le ha cogido el gusto.
Porque si algo abunda en los últimos meses son los mensajes, vídeos y comunicados que anuncian actuaciones de reconstrucción, mejoras inminentes y respuestas rápidas. El problema es que, demasiadas veces, esas acciones no llegan nunca a ejecutarse. Y cuando finalmente lo hacen, lo hacen de forma precaria, improvisada o directamente chapucera, obligando a posteriores parches que evidencian la falta de planificación y de un proyecto serio para el municipio.
Mucha red social, poca calle
Gobernar un pueblo no es solo comunicar. Es estar. Estar cuando hay problemas, cuando hay actos públicos, cuando los vecinos y vecinas necesitan respuestas, explicaciones o simplemente presencia institucional. Sin embargo, en Alfafar ocurre justo lo contrario: el alcalde se prodiga en redes sociales, pero brilla por su ausencia en la vida cotidiana del municipio. Y eso que dijo que iba a desconectar de las mismas por salud mental, hace tan solo unos meses.
Especialmente los fines de semana, cuando hay cualquier tipo de acto público, inauguración o convocatoria ciudadana, la escena se repite: aparecen siempre los mismos cargos secundarios, los mismos representantes de segunda fila, pero nunca el alcalde. Las razones podrán ser diversas —algunas conocidas, otras quizá no tanto, aunque no viene al caso hacerlas públicas en estas lineas—, pero lo cierto es que a la ciudadanía le da igual el motivo. Lo que percibe es abandono, distancia y una preocupante falta de compromiso personal con el cargo que ostenta.
Improvisar no es gobernar

Esta ausencia física va acompañada de una forma de gobernar marcada por la impulsividad y la improvisación. No hay planificación a medio o largo plazo. No hay una hoja de ruta clara. Lo que hay es reacción constante: cuando se denuncia públicamente un problema, a las horas o a los pocos días aparece un parche. A veces se tapa, otras se oculta, otras se esconde detrás de una puerta o debajo de una alfombra.
El ejemplo reciente de los bajos del Sanchis Guarner es paradigmático. No se actuó por convicción ni por anticipación, sino por presión pública. De hecho, ni siquiera lo arreglaron. Salieron nuestras concejalas Paqui Cano y Maria Jesús Romero señalando públicamente el problema y -sorpresa, sorpresa- días más tarde habían tapiado y tapado el desastre, haciendo inaccesible el espacio. Suponemos que para que no pudiéramos seguir denunciando la situación y la vergüenza que les supone. Y eso no es gestionar: eso es ir siempre tarde.
Después de lo ocurrido, se esperaba algo más
Alfafar ha pasado por momentos muy duros. La ciudadanía ha demostrado una enorme capacidad de resistencia, solidaridad y dignidad. Precisamente por eso, hoy se espera mucho más de la máxima autoridad municipal. Se espera cercanía, empatía, escucha y liderazgo. Se espera un alcalde que dé la cara, que camine el pueblo, que mire a los ojos a sus vecinos y vecinas.
Lo que se está recibiendo, sin embargo, es justo lo contrario: frialdad institucional, distancia personal y una preocupante falta de empatía. Y cuando eso ocurre, cuando quien debe representar y cuidar a su pueblo se esconde tras comunicados y perfiles digitales, el vínculo con la ciudadanía se rompe.

Alfafar necesita presencia, no excusas
Desde el grupo socialista de Alfafar no vamos a dejar de señalar esta realidad. No por estrategia política, sino por responsabilidad. Porque gobernar no es solo gestionar presupuestos o colgar vídeos: es acompañar, escuchar y estar presente. Y hoy, esa presencia brilla por su ausencia.
Alfafar no necesita más anuncios. Necesita menos propaganda y más verdad. Menos postureo institucional y más calle. Menos improvisación y más planificación. Y, sobre todo, necesita un alcalde que esté.

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